En los últimos años viene subiendo de tono la actitud y beligerancia de las fuerzas políticas, sociales, económicas y mediáticas de las derechas, cuando aparecen crisis como la motivada por la guerra de Irak, los atentados yihadistas en Atocha, el estallido de la burbuja inmobiliaria, los casos de corrupción, moción de censura, la pandemia del Covid 19, la del volcán en La Palmas, sequías producidas por el cambio climático, ahora el aumento de precios de la cesta de la compra, los productos energéticos motivados por la guerra y la invasión de Ucrania, es una constante.
El móvil casi siempre es el mismo, recuperar el poder perdido, para beneficio de unas minorías poseedoras de privilegios, a costa de negar derechos básicos a la mayoría de la ciudadanía, trabajadores, pequeños ganaderos, autónomos e intelectuales y gentes de la cultura, pensionistas, profesionales de varios sectores, pequeños comerciantes y agricultores que viven de su trabajo esfuerzo.
El cuestionar permanente la legitimidad del derecho a gobernar a los demás, dando a entender o diciendo que solo ellos saben gobernar, en un sistema basado en el derecho democrático e irrenunciable del pueblo a elegir a sus gobernantes, es cuanto menos una falta de respeto a las reglas que se contemplan en el articulado de la Constitución, con la que casi todos nos identificamos en los valores y jurisdicción que emana de la Carta Magna.
Hay que decirles con toda claridad y firmeza que ellos no son el todo en España, afortunadamente desde hace 45 años las cosas cambiaron para bien, aunque haya errores y no todo sea color de rosa.
Cuando se aprobó la Constitución y se celebraron las elecciones generales y dos años más tarde las municipales y autonómicas, muchos pensábamos que el camino de la reconciliación y el entendimiento entre los ciudadanos españoles ya era un hecho, a pesar de que el título VIII y todo lo relacionado con las autonomías históricas estaba cogido con alfileres, los derechos reconocidos a los trabajadores no eran en algunos casos por los que estábamos luchando, hubo renuncias importantes que creaban desilusión, para consolidar la democracia y superar una crisis económica desbocada, los trabajadores perdimos bastante poder adquisitivo, mientras ellos seguían manteniendo sus privilegios.
Tampoco en el Pacto Institucional se consiguió el compromiso de limpiar las instituciones del aparato franquista. La izquierda política y sindical se había dejado muchos pelos en la gatera, después de sufrir sanciones, despidos, detenciones y cárceles por defender sus derechos y que en España hubiese libertades que durante 40 largos años habían sido negadas por los vencedores de la guerra civil.
Unas minorías no lo entendieron así, y desde el mismo aparato del Estado se fraguó y se intentó dar un golpe de Estado, que por el bien de todos nosotros e incluso de sus promotores no prosperó.
Vinieron los Pactos de la Moncloa y todos o casi todos nos comprometimos a arrimar el hombro por el bien común, sin presumir ni mucho menos de patriotas ni colgarnos medallas de demócratas de toda la vida. La clase trabajadora cumplió y sufrió perdiendo muchos y muchas su empleo en reconversiones industriales, muchas veces salvajes que siempre tocaba perder a los mismos.
Los valedores de la Dictadura, nada o casi nada perdieron, siguieron gozando de los PRIVILEGIOS de SIEMPRE, y así han seguido en las siguientes crisis de todos los colores que hemos sufrido la mayoría, que en la mente de todos están.
Con el estallido de la burbuja inmobiliaria muchos pensionistas con pocos ingresos tenían que sacar a hijos, nueras y nietos adelante.
Sin embargo, los grandes empresarios de la construcción, lobis empresariale,s industriales, de las grandes superficies comerciales y la banca, responsables de esa crisis fabricada por y para la USURA Y ESPECULACIÓN, no fueron a la cárcel, y aún muchos de ellos y ellas siguen en la cresta de la ola, dando consejos y llorando por las esquinas, diciendo que son los perdedores de las crisis, mientras se hacen cada vez más ricos de lo que ya eran antes.
Ahí están bien cerquita los verdaderos héroes y heroínas de la pandemia, la clase trabajadores por cuenta ajena y propia, mientras sabemos quiénes se han beneficiado, las multinacionales farmacéuticas, los intermediarios con respaldo político de la Sra. Ayuso y compañía, grandes cadenas comerciales que están asfixiando con subidas de precios excesivas a consumidores, mientras a pequeños comerciantes, ganaderos y agricultores los están arruinando porque les pagan sus productos en muchas ocasiones por debajo de los costes de explotación.
Por si esto no fuese suficiente, las grandes potencias como EE.UU., provocando conflictos, los rusos invadiendo y masacrando a los ucranianos, y esperemos que no entre otro gran conflicto provocado otra vez por los EE.UU, donde China no invada Taiwán, y todo por intereses bastardos económicos, comerciales, militares y geoestratégicos que hacen más ricos a los que ya lo son, y reducen drásticamente los derechos, las libertades y el bienestar de la mayoría de los hombres, mujeres y niños del planeta.
En España no somos ajenos a estos problemas, resulta que en la parte que nos toca, las derechas quieren hacernos creer que ellos son los más solidarios con el pueblo ucraniano y su causa, pero cuando llega la hora de asumir la parte que nos corresponde como miembros de la Comunidad Europea de hecho y de derecho, dicen que no están de acuerdo, con el Plan de ahorro energético que han aprobado todos los Países de la Uunión Europea, bochornoso, siendo que España y Portugal, tendrán que ahorrar el 7,5 % mientras el resto tiene que ahorrar el 15%.
¿Es de recibo y justificable está insumisión internacional de las derechas en España ante la Unión Europea con una crisis energética como la actual, después de haber apoyado al Gobierno ucraniano ante la invasión de Rusia a Ucrania?, ¿Como se puede ser tan incoherentes y filibustero políticamente?.
Qué imagen quieren transmitir de España ante los países europeos, después que con los impuestos que pagan sus ciudadanos nos han dado y siguen dando tantos y tantos Fondos Europeos, que tanto bien han hecho a la agricultura, la pesca, la ganadería, a la industria, las infraestructuras y para la remodelación de tantos pueblos y ciudades en toda España.
Ésta es la derecha que tenemos en España, insolidaria, trumpista, y a veces demasiado próxima a la INSUMISIÓN Institucional, en España y en Europa.
Joaquín Arias Abengózar