LAS COSAS CLARAS

El chuletón y el efecto invernadero

Por Joaquín Arias Abengozar

Vuelvo a dirigirme a Vds. después de unas semanas de ausencia por motivos familiares y otras ocupaciones en la Asociación Luz de la Mancha, donde sigo siendo su Secretario, después de haber sido reelegido en nuestra Asamblea anual recientemente…
    

Me reincorporo a esta tarea como colaborador de El Semanal de la Mancha, que tan generosamente ponen a mi disposición Rosalinda y Gema, vaya desde aquí mi sincero agradecimiento por facilitarme el poder dirigirme a Vds. una semana más.

En este tórrido verano, para mí la estación más bonita y bullanguera del año, cuando el agua sí es necesaria en cualquier época del año, ahora sí que es imprescindible para calmar la sed, para regar las cosechas en el campo,  las huertas, los parques, jardines, zonas verdes, arbolado y tener las piscinas a punto, etc.

Echo de menos los veranos de mi infancia y adolescencia, con los tiempos de siega, las eras llenas de mies, acarreadas por carruajes tirados por mulas, las parvas, los trilladores, las espigadoras, ese olor a paja húmeda cuando alguna nube inoportuna caía, las huertas en todo su apogeo, las viñas grandes y pequeñas anunciando la cercana vendimia, las terrazas llenas a rebosar, los cines de verano, los festivales y actuaciones en la Plaza de Toros, y como colofón la Feria y la Patrona, nuestra Virgen del Rosario, que incluso muchos ateos y ateas respetan, y algunos celebran en plan pagano el fin del verano y de las cosechas, donde los melonares son arrancados para dar paso a la sementera.

Este año, como si fuese la canción del verano, se nos ha colado la mini crisis del chuletón, ahí es nada, decirle a la gente pudiente que no consuma en exceso tan nutritivo manjar, es como si se le pidiese al Dios Baco que se volviera abstemio, y en vez de ponerse ciego de beber buen vino se tomara al día una garrafa de aguas de las Perdigueras.  

Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho.

Hay que ser fariseos e hipócritas para montar tal pollo por algo tan obvio como es NO PROHIBIR EL CONSUMO DE CARNES ROJAS, sino hacerlo con MODERACIÓN, que es lo que dice el Ministro de Consumo, seguro que si lo hubiese dicho un grupo de Nutricionistas en Televisión a la hora de mayor audiencia, seguro que la recomendación habría pasado casi desapercibida, porque los que se lo  pueden permitir no le iban a hacer caso, tal vez si, los que a partir del día 20 de cada mes se las ven y se las desean para llegar al final de mes. Pero esos levantan poca polvareda porque para los medios de comunicación más influyentes a nivel nacional e internacional nuestra opinión solo se tiene en cuenta a la hora de las votaciones, luego ya después si te he visto no me acuerdo.

Algunos programas y acuerdos de Gobierno solo tienen vigencia lo que dura la campaña electoral de que se trate y se abren las urnas y se conforman los gobiernos municipales, autonómicos o del Estado Español. Que ha habido una descoordinación a la hora de publicitar esta campaña, está claro, pero acusar al Ministro de Consumo de ese error no cuela para muchos ciudadanos y ciudadanas.
    

Tal vez uno de los problemas es que este Ministro puede estar siendo ninguneado en los Consejos de Ministros y se haya hartado de que le digan que se espere, como le ha pasado con lo de la masificación del Turismos de Playa, de que no se les meta mano a las grandes empresas del juego porque no se toma en serio lo de la ludopatía, sobre todo en los jóvenes y adolescentes, o la superpotreción de las grandes empresas de la alimentación, de las grandes superficies, en detrimento del comercio de cercanía, de los pequeños comerciantes  o de esas empresas familiares que producen las materias primas, base esencial para nuestra alimentación, que sufren las presiones de los grandes lobbis nacionales e internacionales de la leche, de las bebidas azucaradas y de tantos y tantos productos básicos como ese pan y bollería  que se escapa al control de las autoridades sanitarias.

Parece que nadie ya se acuerda que los grandes perdedores de esta crisis pandémica han sido los trabajadores por cuenta ajena, los pequeños autónomos de los distintos sectores de la economía, en beneficio de las grandes empresas, de las grandes superficies comerciales y de la producción y comercialización agroalimentaria y de sus grandes explotaciones agrícolas y ganaderas. Pues todos no somos iguales y los platos rotos siempre los pagamos los mismos

La oposición de brocha gorda, esta vez incluso chistosa del Presidente del Gobierno, que de chistosa no tiene nada, es decir ni pizca de gracia, es que estamos hablando de la prevención sanitaria a través de los alimentos que ingerimos, muchos de ellos adulterados por intereses económicos muy GOLFOS, no tiene ni pizca de gracia.

Ya he comentado en estas páginas en alguna ocasión que el CAMBIO CLIMATICO, sin se ser un experto en la materia y solo reflexionando con sentido común, este gasto de materias primas esenciales, es insostenible según personas con mucho criterio científico, y para mí es algo a lo que hay que prestar la debida atención, pues la madre naturaleza tanto por tierra, mar y aire no aguanta tanto despilfarro de energías, esta sociedad de consumo irracional y esta forma de vivir tan aburguesada que trae como consecuencia inmediata la acumulación de riqueza y bienestar para unas minorías muy privilegiadas y cada vez más desesperación para la mayoría de los mortales, porque este frenesí consumista no se debería cambiar por bienestar saludable, por dejar esquilmada la naturaleza para que unas corporaciones super poderosas en lo económico, militar, influyendo en su pensamiento, a través de la comunicación de masas, no haga cada vez más infelices a la mayoría de los mortales.

No es fácil renunciar a lo que se quiere y anhela y que todavía no se tiene, pero se aspira a ello, aún a costa de ir dejando los campos y la vida como si por allí hubiesen pasado miles de caballos de Atila o la Tierra hubiese sido invadida por Caballos de Troya o Alienígenas, pero queda claro que hay cosas a las que debemos renunciar y a las que nos están mal acostumbrando, y no vería mal reflexionar sobre un consejo que me dio una de mis abuelas cuando pasé de ser adolescente a ser una persona ya medio preparada para hacer frente a la vida, fuera del nido familiar a varios kilómetros de distancia de la ciudad de mis ancestros, esa frase de mi abuela "No es más feliz aquel que más cosas tiene o desea, sino el que sabe apreciar lo que tiene ganado con su esfuerzo y tesón y menos necesita, el ansia y la avaricia con malas compañías de viaje, por lo tanto elige bien a tus compañeras y compañeros de viaje".

Lo del Sr. Page y otros lumbreras de nuestra Comunidad y de esta España nuestra, es para echarse a temblar, por su desvarío.

Joaquín Arias Abengozar
   

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