Se acerca la Feria 2025 de Alcázar de San Juan y en todos los hogares alcazareños se comienza a preparar para estos días de vida festiva y, sobre todo, habrá tiempo para el recuerdo. Los más jóvenes dirán que hablamos de ñoñerías. De historietas de abuelos, pero lo cierto y verdad, que como pasan los años recuerdas más aquellos años que no volverán…
La otra noche me vino a la memoria ferias de otros años, de la niñez, del pasado, cuando la Feria se instalaba en El Arenal, cuando la calle de La Feria era la apertura al recinto ferial. La Gran Tómbola instalada en los salones parroquiales de Santa Quiteria, el caballo blanco para las fotografías en la Plaza de la Aduana y todos los cacharritos en El Arenal. El kiosco de la música al estar más bajo servía para los conciertos de la Banda de Música en las tardes noches de septiembre.
En la Plaza de España, los fuegos artificiales del inicio de la Feria y de la Virgen del Rosario. Días de alegría, de compartir, de siestas eternas para poder estar fresco por la noche he ir a las atracciones.
No había conciertos, ni pregones, eso vendría más tarde, o por lo menos mi memoria no alcanza a recordarlo. Sí recuerdo los Gigantes y Cabezudos, el corretear de los niños junto a ellos, pasándolo bien con muy poco.
Yo era uno de los privilegiados al vivir en el barrio donde se instalaba la Feria, aunque por las noches la música no te dejara dormir hasta altas horas de la madrugada, pero daba igual, estábamos de Feria y todo se soportaba, nos aguantábamos y punto, éramos de otra forma.
Del 3 al 8 de septiembre. El 3 por la noche se inauguraba la Feria y los fuegos artificiales anunciaban el inicio de la misma. Tampoco recuerdo que hubiera corridas de toros, es más, como anécdota puedo comentar que vinieron unos familiares de mi madre de Zaragoza y preguntaron ¿No sabía que Alcázar tuviera ruinas árabes?, al pasar por la Plaza de Toros. En aquellos años estaba en muy mal estado. Estuvo a punto de desaparecer.
Recuerdos de los bares de El Arenal, ahora solamente me viene a la imaginación “Marcelillo”, situado en uno de los laterales de El Arenal y los pinchos morunos que en él se servían. El vermut del mediodía en feria obligado… Muchos, muchos recuerdos que no volverán, porque con quien ibas ya no están y no volverán. Ahora simplemente queda el recuerdo, de un tiempo vivido, de otro tiempo, de otra época y por qué no decirlo, de otro siglo… Recordar…,
Recordar…, Recordar…, porque el recuerdo es síntoma de que has vivido, que has estado presente en una etapa de la vida que te ha tocado vivir. No tengas miedo a recordar, a ñoñear, a compartir unos minutos para el recuerdo de una Feria que no volverá, que nunca volverá, pero, al fin y al cabo, es tu feria, la feria de tu niñez o adolescencia, la feria de tus padres, de tus abuelos… La Feria que nunca volverá.