El penúltimo guateque con el Dúo Dinámico en el parque Alces

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La primera mañana de Feria y Fiestas en Alcázar de San Juan amaneció con un aire distinto, cargado de emoción. Es 4 de septiembre del año en curso, y el Parque Alces se llena de vida para celebrar el Día del Mayor. Un encuentro en el que la música y la tradición se convierten en protagonistas. La Rondalla del Centro de Mayores interpreta con orgullo una copla que nos emociona donde las voces se funden con los aplausos, dibujando un retrato de identidad y pertenencia:

«El orgullo que yo tengo

que no me lo quita naide,

que soy manchega de cepa

y eso es pa’ mí lo más grande…»

De pronto, a mi lado, suena un móvil a una señora. Es una canción del Dúo Dinámico: «Perdóname… te quiero tanto…». Y, casi sin querer, los recuerdos me arrastran a aquellos años en que su música no solo se escuchaba, sino que se vivía. Fueron símbolos de modernidad y frescura en una España que ansiaba respirar nuevos aires.

El grupo de “Mayores”, formado por quienes nacimos en Alcázar de San Juan, compartimos la nostalgia y la noticia de la partida de Manolo de la Calva. Entre mensajes y evocaciones, comprendemos que su voz fue la banda sonora de nuestra juventud y que hoy, en medio de la Feria y Fiestas, vuelve a unirnos con un lazo invisible entre generaciones.

La palabra guateque, casi olvidada en el lenguaje actual, era en los años sesenta sinónimos de ilusión y libertad. No había discotecas ni grandes escenarios: la diversión florecía en patios y salones, en casas de amigos donde bastaban un tocadiscos y unos vinilos.

Nombres como Pepe, Fortu, M. Conchi, Jesús o Paquita nos transportan a tardes inolvidables. Sus casas se convertían en pistas de baile improvisadas, y la preparación del guateque era todo un ritual: barrer el patio, colocar la tapa del tocadiscos como altavoz, picar hielo para la zurra en un lebrillo de barro… La primera cata de la bebida encendía sonrisas y emociones.

Las patatas fritas, aceitunas y panchitos eran la excusa; lo esencial era la música, ese pulso colectivo de una juventud que se reconocía en cada canción.

Al principio, sonaban los ritmos animados para vencer la timidez:

Dúo Dinámico (Bailando el Twist, Tengo tu amor, Somos jóvenes, Como ayer),

Los Bravos (Black is Black),

Los Sírex (Que se mueran los feos),

Los Mustang (Submarino amarillo),

Los Brincos (Flamenco).

Luego llegaban los temas corales, los que se cantaban todos juntos, con voces vibrantes de entusiasmo:

Fórmula V (Cuéntame),

Los Diablos (Un rayo de sol),

Los Pekenikes (Hilo de seda),

Karina (Las flechas del amor).

Y al caer el sol, cuando las luces se atenuaban, llegaba el momento del agarrao. Entonces emergían las baladas del Dúo Dinámico (Quince años tiene mi amor, Quisiera ser, Perdóname, Esos ojitos negros, Amor de verano), junto a las de Mari Trini, Raphael, Adamo o Serrat. Allí florecían los primeros amores: miradas tímidas, manos sudorosas, abrazos nerviosos y besos furtivos que abrían la puerta a un mundo nuevo.

La tarde terminaba con himnos que dejaban huella: Julio Iglesias (Soy un truhán, soy un señor), Dúo Dinámico (¡Oh, Carol!, Resistiré, Ramona). Y en muchos corazones quedó grabada la certeza de haber vivido algo irrepetible. De aquellos guateques surgieron matrimonios que todavía perduran, nacidos cuando un simple roce de manos aceleraba el pulso como nunca más lo haría.

No faltaban anécdotas entrañables: madres convertidas en “carabinas”, sentadas con su labor de calceta, ojos vigilantes que seguían a los tímidos que apenas se rozaban; vinilos que se rayaban entre risas y la impaciencia de alguna muchacha esperando ser invitada a bailar. Así eran los guateques: improvisados, ingenuos, llenos de vida.

Alcázar de San Juan tuvo el privilegio de vivir de cerca a Manolo y Ramón. La primera vez, en los años sesenta, en el Cine Crisfel, con jóvenes que acudían con los ojos brillantes de quienes rozan un sueño. La segunda, en 2014, en un concierto solidario que agotó 10.000 entradas para apoyar a la Asociación Española Contra el Cáncer. Aquel día, Manolo de la Calva compartió su propia experiencia con la enfermedad, demostrando que Resistiré no era solo una canción, sino una forma de vivir.

Ahora, tras su fallecimiento a los 88 años, la tristeza se entrelaza con la gratitud. Se va Manolo, pero queda su voz, su ejemplo y la huella imborrable de su música. El Dúo Dinámico fue, y seguirá siendo, la banda sonora de toda una generación: la que aprendió a amar, a soñar y a resistir.

No fueron solo un dúo musical: fueron la juventud misma hecha melodía. En Alcázar de San Juan lo celebramos con el recuerdo vivo de El penúltimo guateque con el Dúo Dinámico. Hoy, con la partida de Manolo de la Calva, nuestra ciudad —y toda una generación— se inclina en homenaje: habéis formado parte de nuestras emociones más profundas. Descansa en paz, Manolo. Tu música sigue sonando en cada uno de nosotros.

Vuelvo a la realidad. La Rondalla ha terminado su actuación. La alcaldesa, Rosa Melchor, acompañada de miembros de la Corporación Municipal, pronuncia unas palabras de agradecimiento, subrayando nuestro legado en el pueblo.

Y allí nos esperan las tortas con limón, dulces testigos de un día que quedará en la memoria. Ha sido una feliz mañana. Nuestro agradecimiento.




 




 

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