Ser alcazareño ausente

Por Antonio Leal Jiménez

El pasado domingo, 2 de octubre, la Archicofradía e Ilustre Esclavitud de la Stma. Virgen del Rosario. Patrona y Alcaldesa Perpetua de Alcázar de San Juan entregó los títulos de Alcazareños Ausentes a un total de 12 personas cuya residencia la tenemos lejos de nuestra ciudad natal. Haciendo un poco de historia recordamos que, durante la década de los años cincuenta, concretamente en 1954, año Santo Mariano, el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan concedió a su Patrona la Virgen del Rosario, el título alcaldesa perpetua de la ciudad, siendo alcalde D. Tomás Quintanilla Garrido, en un acto que estuvo presidido por el obispo de Ciudad Real D. Juan Hervás y Benet, que había nacido en Puzol, Valencia.

Durante el mandato de D. Mariano Montalvo Cortés, como Hermano Mayor, que abarcó el período de septiembre de 1975 a noviembre de 1979, a petición del Excmo. Ayuntamiento presidido por D. Eugenio Molina Muñoz, se insta a la instauración del Título de “Alcazareño Ausente”, que ha de concederse a toda aquella persona que se encuentre lejos de su patria chica y haya dado pruebas de estar muy unido a ella en espíritu. Desde entonces, este Título es concedido por el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, siempre el primer domingo de octubre y, aunque últimamente al acto viene celebrándose en el interior de la parroquia, en otros tiempos, también se realizó en distintos lugares tales como: El Museo Fray Juan Cobo, El Torreón del Gran Prior, El Centro Parroquial y en la Portada Sur del templo. Desde entonces, más de 500 alcazareños disfrutamos de tan apreciado nombramiento.

Todos los nominados nos sentimos agradecidos por el Título recibido y lo aceptamos con gran honor. Damos las gracias por compartir ese momento vivido que nos ha hecho sentir más alcazareños.

En esta ocasión ha resultado que un grupo de ellos (José Luís, Francisco, cuatro Antonios, y Pepe) pertenecemos a una generación que tuvimos que encontrar nuestro futuro lejos de nuestra cuna y, hasta el día de hoy, no dejamos de divulgar los valores éticos de nuestro pueblo; valores como la amistad, la lealtad, la generosidad y solidaridad, el compromiso, la humildad. Todo ello aprendido en nuestro municipio.

Qué hermoso resulta para un “ausente” volver a escuchar las voces: ¡Hermoso! ¡Bacín! ¡Costalá! ¡Regüeldo!. Nuestro pueblo siempre nos despierta sensaciones inolvidables que sentimos con un toque lleno de nostalgia. Existiendo mayores y mejores ciudades que la nuestra, la percibimos como el mejor punto de encuentro. Eso nos ha ocurrido hace unos días gracias a la Archicofradía de la Virgen del Rosario y a Doña Rosa Melchor Quiralte, Alcaldesa del Ayuntamiento de Alcázar. El reeencuentro de los ausentes, en el lugar de nacimiento, nos ha servido para reordenar ideas, renovar energías y descubrir alguna de las virtudes y secretos de nuestro mundo interior. Como la tradición manchega manda y Don Quijote relata: “muchos pocos hacen mucho”.

A lo largo de nuestra ausencia, no dejan de preguntarnos en nuestros distintos lugares de residencia de dónde somos En la novela anónima La Lozana Andaluza, puede leerse una primera respuesta: “No donde naces, sino con quien paces”. Haciendo alusión a esa realidad, el sentimiento de pertenencia a un lugar, lo dan las condiciones de vida más que el simple nacimiento que, a veces, no deja de ser algo accidental. Cuando en éste lugar no encuentras aquello que necesitas, lo normal es abandonarlo en busca de nuevos horizontes que puedan proporcionar lo que satisfaga gran parte de tus necesidades.

Una segunda concepcíón nos apunta el escritor español de origen francés y alemán y profesor universitario Max Aub Mohrenwitz: "se es de dónde se hace el bachillerato", “que es decir que uno es de donde nace conscientemente al mundo, a los sentidos, al amor. Pero me gustan los hombres de ninguna parte. Todos somos emigrantes. Todos somos exiliados en el mundo”. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2013, Antonio Muñoz Molina, dijo «En bachillerato uno se convierte en ciudadano y empieza a saber qué quiere ser». En Alcázar de San Juan descubrimos la amistad en esa época y sesenta años después todavía perdura.

También hay quien afirma que uno no es sólo de donde nace, aunque lo sea, ni de donde pace, sino también donde tiene enterrados a sus familiares. Rainer María Rilke poeta austriaco afirmaba que “hay patria y que esta es la infancia”. Al final uno puede resultar ser de muchas partes.

Personalmente en mis viajes por el mundo he tenido oportunidad de conocer: El Cristo Redentor en Brasil, El Coliseo de Roma, El Taj Mahal en la India, las ruinas de Machu Pichu en Perú, las pirámides de Egipto, la Catedral de San Basilio en Moscú, El Taktshang, en Bután… Puedo afirmar que en ninguno de los sitios se me ha despertado el más mínimo de los sentimientos como los que experimento cada vez que vuelvo a Alcázar de San Juan.

Al igual que en la batalla de Lepanto, los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan, del Priorato de Castilla, del que Alcázar era su capital, fueron a atender a los heridos llevando consigo una bandera o estandarte en el que iba pintada la imagen de la Virgen, para que les protegiera, algunos, en la actualidad, portamos su imagen en nuestra cartera siguiendo sus mismos deseos.

Invitamos a la diáspora de alcazareños por el mundo, a que por unas horas vuelvan a sus orígenes. Descubrirán lo que Alcázar de San Juan podría significar para ellos.

¡Viva la Virgen del Rosario! ¡Viva Alcázar de San Juan!

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