Voluntariado y compromiso: Así trabaja la Asociación CER para controlar las colonias felinas

Quince voluntarias gestionan más de 50 colonias felinas en la ciudad aplicando el método Captura, Esterilización y Retorno, en colaboración con el Ayuntamiento

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En Alcázar de San Juan hay un grupo de mujeres que dedica horas, recursos propios y una enorme dosis de paciencia a una labor poco visible, a menudo incomprendida y, en demasiadas ocasiones, criticada. Son la Asociación CER Alcázar, y trabajan para controlar de forma ética la población de gatos callejeros mediante el método Captura, Esterilización y Retorno (C.E.R.).

Muchas las llaman “las locas de los gatos”, pero detrás de ese apelativo hay formación, organización y un objetivo claro: mejorar la convivencia y el bienestar animal en el municipio.

De la iniciativa privada a la asociación formal

Aunque la asociación está constituida legalmente desde febrero de 2022, la labor venía de mucho antes. Durante años, vecinos de forma particular esterilizaban, alimentaban o daban en adopción a gatos callejeros. “Había personas que llevaban décadas haciéndolo por su cuenta”, explica su presidenta Margarita Martínez.

Con la creación oficial de la asociación, se dio un paso más: estatutos, junta directiva y contactos formales con el Ayuntamiento. No fue fácil. Las primeras gestiones estuvieron marcadas por dificultades y falta de entendimiento institucional, pero con el tiempo se ha avanzado hacia una colaboración en campañas de esterilización.

Actualmente son 13 integrantes activas y varias colaboradoras externas. Controlan en torno a 52 colonias felinas, lo que supone aproximadamente entre 400 y 500 gatos en la ciudad.

Cómo funciona el método CER

El sistema es sencillo en su planteamiento, pero complejo en su ejecución: se captura al animal, se esteriliza en clínica veterinaria y se devuelve a su colonia. Cada gato cuenta con ficha, fotografías y registro de quién lo ha capturado.

La campaña actual se realiza en colaboración con el Ayuntamiento y la clínica veterinaria, que asume las intervenciones dentro del programa municipal. Desde que comenzaron, han logrado esterilizar casi 200 gatos con recursos propios y cerca de 300 más en el marco de la campaña actual.

Pero capturar no es tan simple como colocar una jaula. Requiere técnica, experiencia y formación. “El gato no es tonto; estira el cuello para coger la comida sin pisar la rampa”, explican entre risas. Han aprendido a base de ensayo y error y también formándose con especialistas, como detallan en la transcripción .

Algunas voluntarias, como Gema Gallego, Ana Alambra y Pilar Vázquez, están especializadas en captura. Otras, como Margarita Martínez (presidenta) y Monse Valero (secretaria), coordinan la gestión administrativa y la interlocución institucional.

Tiempo, dinero y compromiso personal

La labor es completamente voluntaria. Horas de espera, a veces cuatro o cinco para capturar un solo gato, desplazamientos con vehículos particulares, recuperación postoperatoria en domicilios particulares y compra de alimento específico.

“Somos voluntarias, empleamos nuestro tiempo y nuestros recursos”, insisten. No reciben subvenciones directas por su trabajo diario y muchas veces, además de capturar y esterilizar, atienden gatos enfermos, atropellados o camadas abandonadas.

Más que gatos: salud pública y convivencia

Uno de los mensajes que quieren trasladar a la ciudadanía es que su labor no solo beneficia a los animales, en este caso a los gatos, sino al conjunto del municipio.

“Donde hay gatos no hay ratas”, señalan. La presencia de colonias controladas reduce la proliferación de roedores y evita la reproducción descontrolada. Además, recalcan que las colonias gestionadas están limpias y controladas.

De hecho, hacen un llamamiento claro: no alimentar a los gatos callejeros sin coordinación. Las sobras de comida, restos de paella o cabezas de marisco generan suciedad y conflictos vecinales, y terminan perjudicando la imagen de las propias voluntarias.

Ellas limpian las zonas que gestionan, incluso residuos que no han generado. Pero insisten en que la alimentación debe hacerse de forma responsable y regulada.

Invisibilidad y prejuicios

A pesar de la profesionalización creciente del método CER y del respaldo legal que ya existe a nivel nacional para este sistema, las voluntarias siguen enfrentándose a insultos, amenazas y denuncias.

En los primeros años llegaron a sufrir intentos de agresión por el simple hecho de cuidar gatos. “Nos decían que llamaban a la policía por darles de comer”, recuerdan.

Por ello, prefieren no revelar la ubicación exacta de las colonias ni dar excesiva visibilidad personal. La protección frente a posibles represalias sigue siendo una preocupación real.

Cambiar la mirada

Este reportaje no pretende obviar las dificultades ni las diferencias de criterio que en ocasiones mantienen con el Ayuntamiento o con parte de la población. Pero sí subraya un hecho: la gestión ética de colonias felinas es hoy una herramienta reconocida para el control poblacional.

Hace años, la recogida de animales se realizaba con métodos mucho menos garantistas. Hoy la sensibilidad social es mayor y el enfoque ha cambiado.

La Asociación CER Alcázar no pide aplausos. Pide comprensión, información y colaboración. Que cuando alguien vea a una voluntaria con una jaula no piense en “la loca de los gatos”, sino en una vecina que, sin cobrar nada, dedica su tiempo a mejorar la convivencia en la ciudad. Un ejemplo es su reciente actuación en el caso de la vivienda de la calle Doctor Policarpo Lizcano, donde una de estas voluntarias colaboró desinteresadamente para capturar y hacerse cargo de 25 gatos, sin que nadie les haya ni siquiera agradecido esta labor.

Porque detrás de cada captura hay horas de espera. Y detrás de cada colonia controlada, un pueblo un poco más equilibrado.

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