La inteligencia artificial ha avanzado sin hacer demasiado ruido y hoy ya forma parte del día a día laboral, mucho más de lo que solemos percibir. Está presente en oficinas, hospitales, comercios y administraciones públicas y, según distintos estudios recientes, ya está influyendo de manera directa en una parte importante del empleo en España.
La IA ya está integrada en el trabajo cotidiano
Un informe del Instituto VRAIN de la Universitat Politècnica de València, señala que entre el 18 % y el 22 % de los empleos en España ya están expuestos a la inteligencia artificial. Este concepto no implica necesariamente la desaparición de puestos de trabajo, sino una transformación progresiva de funciones, herramientas y competencias que se viene produciendo de forma continuada desde hace al menos tres años.
Las provincias donde esta transformación es más evidente son las grandes ciudades, especialmente Madrid y Barcelona, donde la exposición supera el 21,5 %. En el otro extremo están Soria, Teruel o Zamora, con cifras más bajas, que rondan entre el 17,5 % y el 18,5 %.
La explicación está en el tejido productivo. Allí donde predominan los servicios, la sanidad, la educación o las tecnologías de la información, la influencia de la IA es mayor, algo que también se aprecia en plataformas digitales altamente automatizadas, como el comercio electrónico, los servicios financieros o determinados entornos de casino online, donde los algoritmos ya forman parte del funcionamiento diario. En cambio, en zonas con más peso de la agricultura o la construcción, su presencia sigue siendo más limitada, al menos por ahora.
Qué significa realmente que un empleo esté afectado por la IA
Conviene detenerse en un matiz clave. Que un empleo esté afectado por la inteligencia artificial no equivale a que vaya a desaparecer. En la mayoría de los casos, lo que está ocurriendo es una reorganización de tareas. Algunas funciones se automatizan, otras se apoyan en nuevas herramientas y, en muchos puestos, se exigen habilidades diferentes para seguir desempeñando el mismo trabajo.
Lo que está en juego, por tanto, no es únicamente el número de empleos, sino la forma en la que trabajamos, cada vez más orientada a supervisar, ajustar y optimizar sistemas automáticos. Ya sea en la industria, los servicios o en productos digitales como las slots, donde la intervención humana se centra en el control, la monitorización y la mejora continua. Este proceso tiene ventajas evidentes, como un aumento de la productividad, una mayor eficiencia o la reducción de tareas repetitivas. Al mismo tiempo, plantea desafíos importantes, entre ellos la necesidad constante de formación, adaptación y reciclaje profesional.
Una oportunidad... si se gestiona bien
La inteligencia artificial no es ni buena ni mala por sí sola, pero sí puede generar efectos muy distintos dependiendo de cómo se gestione. Puede mejorar servicios públicos, abrir nuevos nichos de empleo cualificado y aligerar tareas repetitivas. Pero también puede dejar fuera a quienes no tengan acceso a formación, a los que no puedan adaptarse a tiempo o a quienes ya están en desventaja.
Por ese motivo, los autores del informe insisten en la importancia de contar con datos sólidos. Anticipar los cambios, diseñar políticas de recualificación y reforzar los sectores más vulnerables resulta clave para evitar que la brecha tecnológica, territorial y de género siga creciendo.
Y es que, ahora más que nunca, no se trata de correr detrás de la IA, sino de tomarle la delantera.