Cuando parecía que el trofeo se escapaba entre los dedos, y con el reloj pisándole los talones, el PSG sencontró esa garra que tantas veces le reclamaron y se quedó con una Supercopa de Europa que, durante gran parte del partido, parecía tener acento inglés.
Un arranque con sabor a resaca del Mundial de Clubes
El equipo de Luis Enrique llegó a Udine casi con la arena del descanso entre los botines. Apenas habían pasado ocho días desde que volvieron a entrenar tras el Mundial de Clubes, y eso se notó en los primeros minutos. Costaba ver la versión que arrasó en todas las apuestas champions. El balón quemaba, las piernas pesaban, y el Tottenham lo aprovechó.
Los londinenses, con un planteo muy directo y agresivo, fueron los que primero golpearon. Van de Ven cazó un rebote suelto y la empujó a la red. Y apenas comenzado el segundo tiempo, el argentino Cuti Romero apareció con un cabezazo que firmo el 2-0. Hasta ahí, todo pintaba para fiesta inglesa.
Los cambios de Luis Enrique que encendieron la remontada
Cuando todas las apuestas deportivas apuntaban ya al Tottenham como vencedor, el PSG empezó a encontrar grietas. Sin prisa, sin demasiado brillo, pero con una insistencia casi obsesiva. Los cambios del técnico asturiano le inyectaron algo más que piernas: le dieron sentido al ataque. Primero entró Kang-in Lee, que no lo pensó dos veces cuando tuvo espacio y sacó un zurdazo lejano que se coló con rabia.
Y cuando el cuarto árbitro levantaba el cartel del tiempo añadido, Dembélé, que hasta ese momento había estado bastante errático, se inventó un centro con la rosca justa para que Gonçalo Ramos la mandara de cabeza al fondo de la red.
Un título que llega con aire de revancha y con muchas lecturas internas
Más allá del trofeo en sí, que completa una estantería a la que solo le faltaba esta copa europea, el PSG se lleva de Udine algo todavía más valioso: una sensación de que puede ganar aun cuando no juega bien, aun cuando las piernas tiemblan y el rival es superior por tramos largos. También puede ser un mensaje para los suyos, para quienes dudan cuando las cosas no salen. Porque sí, este PSG ha sido criticado por su fragilidad emocional en momentos importantes. Pero esta vez, cuando el viento soplaba en contra y el marcador apretaba, no se desmoronó. Se sostuvo. Peleó. Y ganó.
El Tottenham, con la copa en la mano... y otra vez sin premio
Del lado inglés, la historia vuelve a sonar a déjà vu. Jugaron bien, fueron sólidos, con ideas claras y momentos de brillantez, pero les faltó cerrar el partido. Los cambios no les dieron oxígeno, el repliegue final fue más por miedo que por estrategia, y cuando el PSG los fue arrinconando, no supieron cómo responder. Duele más cuando estuviste tan cerca. Y esa imagen de Cuti Romero cabizbajo mientras los franceses celebraban lo dice todo.
El fútbol, ese que no siempre premia al mejor durante 90 minutos, volvió a escribir una historia de película. Y esta vez, el guion fue para el PSG, que desde ahora podrá decir que ya lo ganó todo. Incluso, esos partidos que antes se le escapaban.