Los políticos que se han vacunado antes de que les llegara el turno han cambiado el protocolo por un “prontocolo” que se sacaron de la manga. La picaresca, tan histórica como española, sigue presente en el panorama vírico nacional.
La vacunación se está convirtiendo en el cisco padre. Ritmo lento, retraso en la entrega de dosis, “el culillo” que queda en el frasco por problemas con las jeringuillas, inexistencia de un registro de vacunados a nivel nacional y falta de control en el cumplimiento del protocolo... No hemos empezado con buen pie.
Croquetería: Gracia con que, sobre todo las mujeres, realizan algunos gestos como llevarse a la boca, sin que les caiga, la albóndiga que sostienen con la punta de los dedos.
Emotibio: Que se emociona (pero poco) con las cosas del sentimiento.
Gobierno contradictorio. Recurre una medida de cierta comunidad autónoma y al mismo tiempo se presta a debatir sobre la conveniencia (o no) de esa medida. ¿No habría sido más lógico debatir primero y –si procedía, como parece– recurrir después? Una vez más, el carro delante de las mulas.
Cirujuanos: Médicos que operan de lo que haga falta pero solo a aquellos pacientes que se llamen Juan.
Equidistancia: Que hay lo mismo del punto A al punto B, que del punto B al punto A. Es el famoso viaje para el que no hacen falta alforjas.
Delitos de odio, o cuando menos de aversión: los pueden estar cometiendo los políticos que dicen y hacen cosas a sabiendas de que van a cabrear a mucha gente. Luego, que no se quejen si en las urnas se les ajustan las cuentas.
Cartafalco: Solicitar por correo a la parroquia que tenga dispuesto el túmulo para una hora determinada; que hay requiescat.
Churrigregüescos: Calzones exageradamente holgados que usaban los miembros de una conocida familia madrileña de arquitectos y escultores allá por el siglo XVII.
De mi decálogo de mandamientos particular me mola el cuarto: “ayunar después de harto”.
Senitario: Profesional de la sanidad especializado en la salud de los senos.
El dinero no da la felicidad pero en muchos casos nos pone en el camino.
Ningún gobierno, por fraccionado que esté, puede perder el oremus. Ni sus propios votantes se lo perdonarían.
Analfabierto: Que se abre con facilidad de ahí, de esa innoble parte.
Felipe VI es un rey democrático y constitucional; nada que ver con las monarquías “obsolutas” del pasado.