Nosotros, que ya no estamos en el escaparate, pero conocemos el percal desde dentro, advertimos que llevamos décadas, muchas, cuarenta años, hablando del "agravio ferroviario" a la provincia de Jaén como quien se lamenta del tiempo que hace: Mucho tren de borrascas y poca voluntad de arreglar sus desperfectos.
Y hoy, desde el Gobierno, nos vuelven con el enésimo anuncio de una supuesta "conexión de alta velocidad", vía Montoro, y la tomadura de pelo ha alcanzado categoría de insulto.
Conviene decirlo claro: Seguimos sin un solo kilómetro de alta velocidad, aunque en 1999 se pusiese la primera traviesa en Linares‑Baeza. Tampoco contamos con un corredor propio ni somos eje de nada. Lo que ahora se plantea es un apaño para colgar nuestra provincia de la Línea de Alta Velocidad Madrid‑Sevilla a la altura de Montoro. Propaganda: Se vende a la provincia entera en nombre del AVE a Jaén y se bendice con una nota de prensa.
Eso no es todo. En un contrasentido que descoloca al más despistado, se anuncian meses de cortes totales y parciales en la línea convencional hacia Córdoba y Madrid, en una red ya esquelética, en la UVI... A una provincia castigada durante años con horarios imposibles, supresión de trenes, tiempos de viaje interminables y material rodante envejecido, se le pide ahora que aguante sin tren, sin comunicación, a cambio de un futuro que abandona y castiga a más de tres cuartas partes de los municipios y a más de 450.000 habitantes.
No lo decimos nosotros. El Consejo Económico y Social de la provincia lleva tiempo subrayando el déficit crónico de infraestructuras, el atraso en conexiones ferroviarias y la necesidad de apostar por corredores que integren de verdad a Jaén en el mapa, no que nos dejen como un ramal colgando de decisiones tomadas en otros territorios. La Fundación Estrategias, en la evaluación del Plan Estratégico, insiste en lo mismo: sin accesibilidad real, sin vertebración ferroviaria, cualquier discurso sobre desarrollo y competitividad se queda en literatura.
Y, sin embargo, a pesar de ese diagnóstico compartido y de la necesidad de reforzar la línea Jaén–Linares‑Baeza–Alcázar de San Juan–Madrid, la propuesta que se aplaude desde algunas instancias políticas y económicas es el baipás por Montoro. Craso error: un proyecto que refuerza a otros nodos, consolida a Córdoba y al eje Madrid‑Sevilla como únicos protagonistas y reserva a Jaén el papel de invitado de piedra, un ramal que entra y sale cuando se lo permiten y abandona al resto de la provincia. Nunca la ceguera política fue tan oscura. No todo vale por agarrar un rato más la cuchara.
Mientras tanto, en la misma línea Jaén‑Madrid, en Castilla‑La Mancha la sociedad civil se organiza, se moviliza y sale a la calle para defender su ferrocarril (el nuestro) convencional, sus paradas y sus servicios. Plataformas, alcaldes, sindicatos, colectivos sociales... todos juntos, gritando que no están dispuestos a perder su tren ni a que sus pueblos desaparezcan del mapa ferroviario. Aquí, en la provincia que presume de "tierra de olivos y de luchas", asistimos más bien a una cómoda entrega política y a la creencia de que el silencio ante "los míos" es la mejor forma de estar caliente en invierno y a la sombra en verano. Ya saben: un buen titular —el AVE a Jaén— y la letra pequeña certificando nuestra irrelevancia.
Si miramos el mapa ferroviario de futuro hay que decirlo claro: Jaén es solo un apéndice en el sistema ferroviario. Y lo que debemos pretender es no serlo, ni en el sistema ferroviario ni en el sistema político. Los apéndices se extirpan cuando sobran. Ojo.
Lo que Jaén necesita es un ferrocarril que nos vertebre, una planificación seria que nos ponga en el centro de los grandes corredores, no en los márgenes. Y para eso hace falta algo más que estudios informativos y notas de prensa: Hace falta valentía, valentía política. De lo contrario —ahora hablan dos profes—, algún día tendremos que enseñar en las aulas que el "AVE por Montoro" no fue la enésima oportunidad perdida: Fue el momento en que la provincia que tanto nos enseñó sobre el inconformismo decidió aceptar, con docilidad política, su abandono ferroviario y su futuro.