No recuerdo exactamente el año. Seguramente algunos de mis lectores se acuerden. Pretil de la Trinidad. Abarrotado. Un montón de chiquillos revoloteamos entre las piernas de unos tipos enormes, altísimos. Todos llevamos un bolígrafo en las manos y algo donde escribir. Yo llevo una hoja de papel. Nos han dicho que no van a querer firmarnos. Todos queremos lo mismo: una firma de aquellos gigantones.
Se casa Vicente Paniagua, y el pueblo entero esta revolucionado. ¡Cómo no! Es el acontecimiento del año. Oímos a nuestros padre hablar de ello. En el colegio no se escucha otra cosa. Llevo nervioso toda la mañana, hasta que salimos corriendo con otras amigos del barrio para el pretil. Vivo en la Plaza de la Aduana, al lado, así que llegamos en apenas unos minutos. En el pretil no cabe un alfiler. De repente empiezan a llegar coches, se forma un revuelo mayor. ¡Ya están aquí!. Nuestro objetivo no es Vicente, que llegará rodeado de los familiares. Es sus compañeros del Real Madrid. Nos conocemos las caras de haberlos visto en la tele, pero es que ademas son muy altos y mas para unos chiquillos. Vamos corriendo de uno en otro. Si hay muchos chiquillos alrededor de uno, corremos a por otro. Y luego volvemos. Aquellos grandullones nos miran con una sonrisa, ni un mal gesto. Nos dejan que los rodeemos y firman una y otra vez. Son unos héroes para nosotros. No podemos creer que aquellos tipos que hemos visto ganar una y otra vez al baloncesto estén allí. Poco a poco van pasando a la Iglesia, al fin y al cabo han venido a eso.
Me tiemblan las piernas. Empezamos a contarnos unos a otros. ¿Quién ha conseguido más? ¡Yo tengo el de Luyk!¡Yo el de Emiliano! ¡Yo…! ¡Jo, que suerte, ese no he podido conseguirlo! Llego a casa. En el papel firmas de Luyk, Emiliano, Cabrera, … ¡Un tesoro!
Siempre he dicho que una persona pública, como son los deportistas de élite, son el vehículo ideal para transmitir los valores que lleva intrínseco el deporte. Competición pero con humanidad. Esfuerzo y sacrificio, pero con humanidad. Hay muchos chiquillos observando lo que hacen y cómo se comportan y transmitir esos valores es formar de alguna manera a esos chiquillos. Aquellos gigantones lo hicieron. Y eso que cada uno tenía, como seres humanos que eran, sus defectos.
Luego vi, como muchos de los que me len, por Alcázar muchas veces y en muchas ocasiones a Vicente. Siempre me pareció una persona afable y bondadosa.
He dicho antes personas públicas y por desgracia solo quiero quedarme con deportistas. No todos son capaces de transmitir esos valores, pero la mayoría sí. Del resto de personajes públicos, políticos especialmente, ni hablo…
Ahora, como saben mis lectores, estoy en el Emers Sporting de Alcázar como médico. Veo a los chavales arremolinarse a los jugadores antes de salir del campo para coger de la mano a uno de ellos. Los miran hacía arriba con cara de felicidad. Y el míster siempre les dice: Tenéis a cientos de chavales pendientes de vosotros, no los defraudéis.
¡No los defraudéis!
¡Ojalá muchos otros personajes o personajillos públicos fueran la mitad que muchos de los deportistas!¡Qué aquellos gigantones que nos hicieron felices!
Con el tiempo perdí el papel… Pero no los recuerdos…Como muchos otros de mi edad. Aquellos gigantones nos dieron una lección de humanidad…. De valores.