Poner nombres a las calles y plazas es un hecho tan antiguo como las más lejanas civilizaciones humanas. Los nombres de las calles representan una naturaleza alegórica y relatan temas relativos a la historia o la cultura de un pueblo. Hasta mediados del siglo XIX las calles no tuvieron rotuladas los nombres que pudieran dársele. Eran el reflejo de su ubicación en ellas de un determinado gremio (Panadería, Tintoreros, Ferrocarril, Tinte, …), de actividades económicas (Avda. de las Bodegas, Industria, Salitre…), nombres simbólicos relacionados con ideas, acontecimientos, artistas, escritores, poetas (Don Quijote, Emilio Castelar, Independencia, Concordia, Libertad, Corredor Matheos, Dr. Mazuecos, José Herreros,… ) En definitiva, se trataba de denominaciones de origen popular.
Ponerle nombre, tal y como hoy lo tienen, no fue una realidad en toda España hasta que el 30 de noviembre de 1858 se promulgó una Real Orden, que determinó que “todas las calles de una localidad debían mostrar en un lugar visible una placa con su nombre”.
La calle Torres, denominada en la actualidad, era conocida hace más de doscientos años por “El café de la paja”, por su cercanía con la Plaza de la Aduana - donde precisamente nació José Corredor Matheos en una casa que hacía esquina-. Por ahí pasaba la cañada Real Soriana y posiblemente deba su nombre, según nos comentan, a “una puerta de entrada con algún edificio elevado cercano al Arenal, que en aquel tiempo era una especie de descansadero de ganado de la cañada. Parece que, por entonces, había un contadero de aduana y alguna torre en un edificio de dos pisos donde se controlaba el paso del ganado”.
En la casa situada en el número 15 vivió, durante sus largas estancias en Alcázar, Santiago Ramos Plaza, desde donde años más tarde escribiría …Y en la calle Torres puse/ mi mocedad en un pozo,/difícil de descubrir/ con tanta agua sin fondo/
El pasado siglo, los frailes trinitarios decidieron plantar árboles en el patio del colegio, al lado de una pared de frontón. Su objetivo fue crear un jardín con plantas de rápido crecimiento que dieran buena sombra durante la época estival y eligieron un árbol de acacia. Se trata de un género de árboles y arbustos que pertenecen a la familia botánica Fabaceae, subfamilia Mimosoideae, y no necesita grandes cuidados. Al poco tiempo se convirtió en una bellísima mujer, que ha cautivado a muchos de los vecinos de Alcázar a través de los poemas de Santiago.… En cualquiera, Doña Acacia/ se me apareció de pronto/sobre el muro de los frailes/como el sol de lo amoroso./
Por los años de su primera madurez como poeta, escribió Santiago el pensamiento de la relación entre Doña Acacia y su pueblo: Doña Acacia, esta mujer/ que todos dicen que es árbol// porque no ven más que un tronco/ con ramas, hojas y pájaros/…
Con la llegada del invierno, Doña Acacia se llena de nieve, de agua, de viento, pero también de imaginación: ¡ qué susto esta mañana,/ con el cielo tan oscuro!. El otoño es la estación en que las hojas de los árboles caducos cambian y su color verde se vuelve amarillento: el vendaval de la calle/está lodado de hojas/ la verjilla donde el agua/ del abollón desemboca/… El verano siempre ha sido un tiempo de espacios abiertos, y de disfrutar, por un tiempo, de una existencia distinta.: “A lo que el sol quiera hacer”/, se diría Doña Acacia/ con el toldo recogido/ en el patio de su casa./
En primavera se ve en las coloridas flores que visten al paisaje, el clima comienza a calentar, alegrando el día de muchos.: Doña Acacia está en estado/ y va a parir en seguida/…
Siento un auténtico placer estar junto a la obra del poeta, ya que sus versos se comprenden y penetran rápidamente en el alma sin necesidad de hacer maniobras intelectuales. Recuerdo que en un tiempo me comentó que el poema no solo hay que leerlo, sino que hay que decirlo y disfrutar de su sonoridad y de su ritmo.
Santiago, un alcazareño tan puro como el alma del Nazareno, que desde sus primeros pasos como monaguillo de la Trinidad, rubio como el trigo en siega, siempre ha intentado ayudar a las personas con mayores dificultades, haciéndolo con generosidad, a través de su voz calmada y actitud propia de las personas que sienten sus orígenes centrados en el Pretil. Sin ninguna duda, Santiago pasará a la historia por su humildad y como el poeta que ha cantado con emoción y lleno de alma más y mejor a su pueblo. Ha sido tan importante la influencia de Alcázar en su poesía, en el cómo la expresa, que consigue conmovernos con sus poemas hacernos sentir el amor por nuestra tierra. Su mirada ha sido el lenguaje de su corazón.
El 24 de enero de 2021, Doña Acacia anunció su jubilación antes del amanecer del nuevo día, cuando los frailes cantaban maitines. Era el presagio de lo que horas más tarde sucedería. Nos atrevemos a creer que este homenaje a Doña Acacia, en torno al recuerdo de su creador, nos animará a leer un poco más y a aprender a sentir aquello que Santiago, con su talento nos ha legado.
Al igual que las palabras que puso Zorrilla en boca de Don Pedro el Cruel: ... Volveré algún día… Seguro que Santiago, exclamaría; “Válgame Virgen María”, la Calle Doña Acacia¡