El Pozo

Por Alejandro Matilla García

La periodista Josefina Carabias decía: “Escribir no es difícil, lo difícil es que te entiendan”.
Para que esta nueva generación me entienda, sin olvidar, empaquetaré y sellaré los años grises de mi niñez donde todo escaseaba. La infancia me la robaron. Apenas sabía peinarme y ya estaba trabajando.

Seguiré escribiendo desde mi juventud. Algunos luchamos para intentar conseguir la igualdad y la justicia social de este país. Pronto despertamos de aquel sueño. La realidad fue muy cruda.
Es cierto que se ha conseguido una amplia sociedad llamada “clase media”. Sin embargo, una buena parte de esta sociedad se encuentra en el “pozo de la miseria”. Aún no han encontrado el brocal, polea ni soga que les salve.

Hace tiempo que se nos olvidó reivindicar nuestros derechos, arrinconamos banderas y pancartas, se apagaron las voces. Por lo tanto, la estrategia para la lucha debe ser diferente.
Para que nuestros amigos del pozo puedan subir los peldaños que les de la dignidad, debemos creer en el triángulo: Universidad-Trabajo-Política.

Mi mensaje es el siguiente:

Por suerte tenemos miles de jóvenes cualificados en el mundo laboral, otros llegaron a la universidad siendo hijos de pobres. Han superado las perspectivas de los padres; hoy son ingenieros, médicos, abogados, economistas, escritores… Se entiende, que al salir de casas humildes, como mínimo serán progresistas. Sólo nos queda ocupar el vértice de este triángulo que es la política.

Estos hombres y mujeres deben sentarse en los parlamentos, las instituciones, las empresas, las alcaldías… Es necesario dialogar con el poder. Limar las aristas de la patronal. Decirles que estamos preparados, que tenemos inteligencia y conocimientos para discutir de las materias. Hacerles ver que tener mucho no es sinónimo de felicidad. Ser feliz es, trabajar para tener lo necesario. Leer, ver cine, teatro, vivir, soñar y, sobre todo, gozar de una buena siesta.  

La vejez es una retirada lenta, únicamente me queda un dulce estar y decir: los fuertes no pueden seguir viviendo de los débiles.

Pero no perdáis el tiempo en odiar. Quedaos con las palabras de los Grandes: “La vida es una mala noche en una mala posada”, “la mortaja no tiene bolsillos”.

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