Cuando mi madre habla conmigo me siento mucho mejor y más tranquilo. Me ha contado muchas cosas, pero lo más interesante y bonito es que me llamaré Fernando. Bonito nombre. Me gusta. Lo que hace falta es que le guste a toda la familia.
Esta familia es muy grande. Tengo padre, madre, abuelos, tíos y primos, que se chinchen los primos, cuando yo nazca pasarán a segunda fila, yo seré el principal, el número uno, la estrella, el ídolo.
Primero estudiaré a mis padres. Luego seguiré estudiando a los demás. El que me guste, bien, el que no me guste se lo demostraré berreando de lo lindo. Cuando nazca, les diré papá y mamá y no les llamaré por su nombre.
Mi madre está otra vez enferma, con molestias en la orina. No me extraña, por aquí cerca circulan gérmenes con muy mala leche, me miran, se acercan, pero siguen. Habrá que estar a la expectativa no sea que tenga que salir antes de tiempo.
Sigo mi crecimiento progresivo. Ya me falta poco para salir. ¿Estoy deseando?, qué va, aquí estoy mejor y solo, no quiero salir, me da miedo.
Fuera –dicen- que se vive muy mal, que hay día y noche, que hace frío y calor, lluvia y ruidos y que hay mucha contaminación. Aquí estoy protegido. Fuera necesitaré aire y luz para vivir, pero siempre tendré a mis padres, nunca olvidaré lo que me dijo mi madre:
“Tú eres lo primero… tú eres vida de mi vida”
¡Arrea!, casi vamos al suelo. Mi madre está muy torpe, ha tropezado y se ha torcido un pie…gran esfuerzo para no caerse.
Mi nodriza, molesta, dice que se va, que ya no protege más y que me prepare para salir.
Son las nueve de la mañana, aviso de parto. Llaman a mi padre que se iba a trabajar a Ciudad Real. Se ha vuelto desde Puerto Lápice.
Nos llevan al Hospital La Mancha Centro. Allí nos esperan varios familiares, sonrientes, felices, un poco asustados, pero felices de que por fin estemos de parto.
Entramos en monitores. Llevo “hospitalizado” desde las 9 y 20 de la mañana, pero según el doctor Mazher naceré sobre las seis de la tarde.
Por fin escuché órdenes de salir al exterior, a luchar por la vida por mi propio motivo, a enfrentarme a todo y a todos, ¡con lo bien que estoy aquí!. Será un cambio de vida, pero a peor, ¿qué hacen?, me estoy mareando, seguramente por algún potingue anestésico (estas madres modernas no quieren sufrir como las antiguas). Aunque me da miedo salir, tengo que afrontarlo. Fuera, dicen, hay mucha malicia, pero hay que aventurarse.
Busco la salida, y ante mis ojos aparece un túnel estrecho y oscuro...¡mamá, tengo miedo!. Cuando estaba casi fuera me ponen un gorro. No sabía yo que necesitaran una aspiradora para sacarme. Aparecen unos vigorosos dedos enguantados que me ayudan a salir... Extrajeron mi cabeza y el resto del cuerpo.
Comencé a llorar, ¿de alegría?, ¿de temor?. Sin embargo todos lo que había en la habitación empezaron a reís, manifestaban jolgorio y alegría.
La vida no surge en el momento del nacimiento, sino antes.
Durante mis primeras horas de estancia extrauterina, fui el centro de atención de todo el mundo, médicos, comadrona, enfermeras, auxiliares, un sinfín de gente. Todos bien ataviados de verde y muy limpios, pero eran gentes desconocidas para mi.
Con mis pequeños ojos pude captar las miradas de un grupo de gente que no levantaban sus ojos de mi persona.
Pero lo que yo quiero es ver a mis padres. Mi madre estaba aquí, contenta, feliz, un poco cansada, pero feliz. Está un poco temblorosa y orgullosa de haberme traído al mundo. Heroína de ser una mujer fértil. Es tal como la imaginaba, un poco detrás estaba mi padre, joven, alto, frío, parece inteligente. Está asustado, sujetándole la mano a mi madre, transmitiéndole seguridad, dándole calor, orgulloso de haber conseguido un hijo, su hijo. Un poco confuso por los rápidos acontecimientos, pero su voluntad de hombre ha subido muchos enteros. Así es como lo imaginaba.
Una enorme náusea invadió todo mi ser. Abrí todos los conductos y largué un vómito, me hice pis y popó. He manchado todo, acabo de hacer la primera faena de mi vida, manchar, ensuciar la impoluta cuna. Era el mínimo gesto de protesta y vergüenza que se me permitía expresar.
Una vez limpio me quedé tranquilo, dejé de pensar y me puse a dormir, siendo consciente de que comenzaba mi difícil singladura por este sorprendente y misterioso mundo.
Pero, seré el protagonista… procuraré ser un buen hijo.