En estas fechas, cuando se celebra el día de las mujeres trabajadoras, quiero aprovechar para rendir un merecido homenaje a nuestras abuelas, madres, tías, hermanas, amigas, compañeras, a nuestras parejas, hijas y si me apuran hasta nuestras nietas que son el futuro y el mañana de lo que está por venir.
Sin ellas no es posible la vida y todo es más difícil en todos los ámbitos de la vida, su capacidad de dolor y muerte, de esfuerzo, compromiso, de salir adelante por difíciles que se pongan las cosas, su ingenio, sabiduría, intelecto y armonía, está muy por encima de la mayoría de los hombres y hay ejemplos mil a lo largo de la historia mal contada a favor del género masculino, que no se debería ocultar, relegándolas a un segundo plano o lo que es peor maltrandolas.
Ellas, nuestras abuelas, muchas analfabetas o con poca formación, regentaban tiendas y negocios cuando eran viudas, el marido no estaba, o se dedicaba a otras faenas o menesteres, además de sacar adelante a su, por lo general, abundante prole, a sus padres y suegros cuando estos llegaban a no valerse por ellos mismos, con poco dinero y menos medios, durmiendo pocas horas a la luz de candiles, quinqués, faroles y otros artilugios de la época, lavando en artesas y en los lavaderos de los ríos y remendando y volviendo prendas del revés para sacarles el máximo provecho, cuando hoy hay que desahogar armarios porque ya no sabemos dónde colocar tanta ropa.
Ellas fueron las autenticas heroínas de su tiempo, no olvidemos nunca su existencia, su legado y su recuerdo, ellas más que ningunas fueron mujeres trabajadoras y precursoras de nuevos tiempos, eran libros abiertos de la vida que les había tocado vivir, ayudando a hijas y nueras cuando éstas se iban a la recolección de la aceituna, del melonar, de los bancales en el río o en sus huertos, y qué decir cuando se iban a la vendimia de quintería y les dejaban al cuidado de cinco o seis nietos.
Sus hijas, nuestras madres, heredaron de ellas muchas cosas, sobre todo cargas familiares, las faenas domesticas, muchas de sus labores en tiempos de cosecha, pero además siendo solteras ya empezaron a trabajar unas al servicio de las casas, ahora llamadas empleadas de hogar, con muy poquitos años algunas de niñeras, otras ayudando en los negocios familiares, de dependientas, telefonistas, secretarias, operarias en las fabricas de la época, modistas, sastras, enfermeras, peinadoras, mi madre entre ellas, y algunas ya de peluqueras, etc.
Cuando contraían matrimonio muchas de ellas, por la cultura de aquellos años, se volvían amas de casa y dejaban el trabajo de solteras, para desgracia de ellas, porque luego por las estrecheces de la económia familiar tenían que volver a faenas todavía peores, mal pagadas, además cargar con todo el trabajo que daba sacar adelante los hogares y la crianza de los hijos, que ya no solían tener tantos.
Pero ahí no paraba la faena de nuestras madres, cuando nos acostaban muchas de ellas todavía echaban algunas horas cosiendo guantes, pantalones, remiendos, o ropa de niños, por lo menos la mía y muchas de sus vecinas y amigas que económicamente andaban a ramal y media manta. Sin embargo cantaban a pleno pulmón las canciones de la radio y se contaban las novelas de AMA ROSA y otras de esas de 200 capítulos donde siempre había algún mujeriego sinvergüenza que jugaba con los sentimientos de las más buenas y guapas.
Las chicas de mi generación, hoy abuelas, empezaban a dejar el colegio la mayoría aún siendo niñas, para trabajar de niñeras, en talleres de costura la mayoría clandestinos para la administración, cosiendo pantalones, jerséis, guantes, o de dependientas en churrerías, bazares, tiendas de ropa de vestir, calzar, y en todo tipo de comercios, con salarios de miseria y en muchos casos sin contrato de trabajo.
Sin embargo cuando contraían matrimonio, la mayor carga familiar seguía siendo para ellas, aunque ya los hombre poco a poco hemos ido echando una mano, pero nunca conscientes de era nuestra obligación compartir las tareas y cargas familiares, sin embargo ellas seguían siendo el pilar fundamental de las familias.
Lo más duro de todo esto es el trabajo ajeno que hacían desde casi niñas en la mayoría de los casos sus empleadores y empleadoras no cotizaba a la seguridad social, lo cual ha sido consentida por los sucesivos Gobiernos del Estado.
Hoy, muchas de ellas viudas, perciben la paga mínima que les ha quedado de su marido, con la que mal viven, porque no han cotizado por ellas y todavía hay idiotas que dicen que como no han trabajado no tienen derecho a paga, hay que ser merluzos.
Encima, a algunas todavía sus parejas las maltratan, las matan y otros las extorsionan, las chantajean y abusan sexualmente de ellas, de verdad que si no se merecen un monumento, no sé quien se lo merece mejor que ellas.
Nuestras hijas, la mayoría con más formación que sus madres, hoy prácticamente ejercen las mismas profesiones que los hombres, pero la brecha salarial con ellos a igual trabajo igual salario y promoción profesional sigue siendo más un deseo que una realidad cuando su valía está más que demostrada.
Ellas, igual que sus madres, abuelas y bisabuelas siguen siendo las que más cargan con las faenas del hogar y la crianza de los hijos, aunque el hombre ya más concienciado va cambiando su rol poco a poco, pero no tanto como debieran.
Hoy, a pesar de tener una buena formación en muchos casos, no ejercen la profesión para la que se han formado, el trabajo precario lo sufren más que los hombres, faltaba la Pandemia y las consecuencias que se están derivando de la misma, a pesar de estar demostrando sobre todo en los puestos de trabajo esenciales su compromiso y capacidad, además de dar un paso adelante cuidando de sus hijos y de nosotros sus padres y suegros cuando llega la necesidad, ellas no se arrugan y como responden a la adversidad, es todo un ejemplo y un orgullo para todos nosotros.
Sin embargo, esta crisis y Pandemia tan larga y tan dura, más aún que la del 2008 está elevando LOS PROBLEMAS DE SALUD MENTAL en toda la población adulta, pero sobre todo en ellas, el Estrés, la Ansiedad, el Agotamiento de poco descanso, la máxima exigencia en el trabajo y sacar adelante la familia, las crisis familiares con rupturas de pareja, a todos está afectando pero a las MUJERES TRABAJADORAS, mucho más, los ERTES, la PERDIDA del Empleo, etc. Afecta a su salud. Vaya desde estas líneas mi respeto y mi agradecimiento a todas ellas.
Por último quiero rendir desde aquí mi modesto homenaje al DÍA INTERNACIONAL de LAS MUJERES TRABAJADORAS, pues aquel 8 de Marzo cuando las calles de Nueva York y Chicago se llenaron de mujeres reivindicando igualdad y justicia salarial, además de la reducción del horario laboral, y sobre todo aquel fatídico 25 de Marzo de 1911, cuando murieron por el incendio de una fabrica Camisera en Nueva York, 146 personas, 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría emigrantes de entre 14 y 23 años que el tiempo y la clase obrera nunca debe borrar de la memoria colectiva del Movimiento obrero INTERNACIONAL, no es casual que a la Derecha y al Capital, no le guste con cualquier pretexto esta efeméride de la mujer trabajadora, este año debemos ser prudentes, pero no podemos ni debemos olvidar la causa que defendieron.
Saludos fraternales para todos: Joaquín Arias Abengozar.