Bonjour à toutes et tous!
En esta ocasión debo escribir sobre lo que está ocurriendo estos días en España y el resto de Europa. Suficientes ríos de tinta corren ya sobre el particular.
Pero quiero hacerlo particularmente sobre el aspecto psicológico. En mi hospital, como en muchos otros, acabo de poner en marcha un servicio especial de apoyo psicológico a los sanitarios. La necesidad va a ser cada día mayor. La carga de trabajo físico y emocional es muy importante. Somos lo que somos por decisión propia y las situaciones límites con personas son parte de nuestro trabajo, pero no dejamos de ser seres humanos.
Ésta es una “infodemia”, (el término no es mío). Mas allá de la realidad que nos rodea y que sobrepasa al que no tiene los suficientes conocimientos técnicos, hay toda una parafernalia de información saturante. No es posible hablar o escuchar otra cosa. Nos pasamos el día rumiando datos, escuchando informaciones muchas veces falsas, respondiendo a mensajes por móvil, masticando el reproche a quienes gobiernan.
Y eso nos concierne a todos. Los que tienen la desgracia de tener que quedar en casa confinados porque no pueden trabajar y los que debemos salir, andamos la mayor parte del tiempo desbordados con informaciones en las llamadas redes sociales, pasando “watsaps” y mensajes sin poder comprobar si son ciertos o no. No importa quién esté en el origen. Cualquier bulo toma carta de verdad. O abrumamos a nuestros contactos con otros mensajes que solo sirven a fomentar la confusion o la crispación. Y me pregunto, querido lector, qué aportan más allá de aumentar la angustia, la desesperanza o la impotencia de manera inútil.
En estos momentos en los que más hace falta la calma y el sentido común es cuando más afloran y cuando más nos convertimos en cómplices de mensajes que solo sirven a unos, o que simplemente no sirven a nadie.
La libertad de opinion está por encima de todo, incluso la de aquellos a los que les gustaría que solo hubiese una opinion: la suya. La libertad de expresión en la misma medida, incluso de aquellos a quienes les gustaría que los que no opinan lo mismo callasen. Pero de verdad que cuando solo sirve a la confusion o crispación inútil, no merece la pena ser ni escuchada ni por supuesto amplificada. Es tan sencillo reenviar cualquier estupidez cuando se ignora si lo es. Es tan fácil reenviar de forma anónima cualquier mentira e improperio. Es tan sencillo y tan fácil, que simplemente nos convertimos en complices y voceros de impresentables.
Y para colmo no hace más que ahondar nuestro malestar, nuestra angustia, nuestra herida. Muchos de nuestros profesionales sanitarios están ya al limite psicológicamente, pero muchos de mis lectores lo están también seguramente sin ser conscientes de ello.
Creo que todos, por salud mental, debemos dedicar tiempo a otras cosas. Tiempo es lo que nos sobra. Tiempo es el que va a poner fin a esta pesadilla. Tiempo que nos queda para recuperarnos de las heridas. Pero tiempo que debemos dedicar a pensar que como siempre la vida sigue su curso imparable y que como actores hay muchos mas temas a tratar que los que ocupan, mejor, desbordan los “watsaps”, noticias, periódicos y conversaciones.
Deberíamos exigir también a nuestros políticos, comunicadores y periodistas que es tiempo de sanar las heridas, de volver cuanto antes a la “normalidad”. Que cualquier otra comunicación o acción solo sirve para dañarnos, para profundizar las heridas. Por mucho que sea eso lo que buscan algunos.
Ahora más que nunca debemos ser como juncos que se comban con el viento fuerte para evitar romperse. Ahora es cuando debemos adaptarnos. Ahora es tiempo de “disfrutar” de las pequeñas cosas que la ajetreada vida diaria no nos dejaba. Es tiempo de lamernos las heridas, de velar, pero sobre todo de evitar la crispación y la confusion inútil.
Estamos suficientemente preparados y capacitados para salir de esta situación como ya lo hemos hecho en el pasado. Pero no podemos permitir que ese arma inmediata de comunicación que son las redes sociales nos haga enfermar.
Como me gusta decir al equipo de mi servicio en hospital, tenemos que salir indemnes de ésta física y psicológicamente. Y solo de cada uno de nosotros depende.