(Carta a la alcaldesa de Alcázar de San Juan)

Injusto cierre de la Biblioteca

Por Amador Palacios

Estimada amiga:
    

Me entero de la prórroga, por otros quince días, de la aplicación en Alcázar de San Juan de las medidas especiales contra la Covid. Sé que están dictadas por la Consejería de Sanidad, a través de la Delegación Provincial de Sanidad en Ciudad Real, pero mi comentario te lo quiero dirigir a ti, máxima autoridad muy cercana.
    

Resulta que en virtud de esas medidas, que globalmente acepto y no critico, la Biblioteca va a estar cerrada al menos otras dos semanas más, pudiéndose sólo devolver ejemplares prestados, que se echan, preventivamente, en una cesta; e impidiendo a los usuarios solicitar libros en préstamo. Pues yo disiento de este detalle de la norma. Cuando se levantó el estado de alarma y dejó de imponerse el confinamiento, regresamos encantados a la Biblioteca para volver a solicitar, siempre ávidos de lectura, más libros. Se organizaron unas medidas de seguridad eficientes, se trazaron adecuadamente las flechas, se dispusieron las debidas distancias, y llegamos de nuevo con los libros leídos para depositarlos en la cesta, solicitamos otros al empleado o la empleada (la verdad, sólo chicas, solícitas); ellas miraban en el ordenador, ascendían la escalera, los cogían y nos los entregaban, mampara por medio, ambos con mascarilla, sin asir para nada nuestros carnés de lectores, simplemente pidiéndonos que cantáramos su número o nuestros apellidos. Una operación limpia, muy discreta, mano a mano, corregida al instante por el gel hidroalcohólico. ¿Por qué ahora no se puede aplicar el mismo método?
    

Entregar así un libro es como entregarme mi frutero un melón, es como entregarme mi carnicero unas chuletas, es como darme mi sacerdote la sagrada forma (bueno, esto último puede tener más riesgos, para el que da la comunión y para el que la recibe). Voy a la terraza del bar y la mano del camarero me deja en la mesa la copa y la tapa. Voy a renovar unos paños de cocina, y el dependiente deposita en mis manos el paquete. Voy a Correos con el aviso de recogida y el funcionario me da ese sobre grande que no cupo en mi buzón. Y así. Llegado el caso, para más preservación, se podría alargar el bulto de esos objetos esenciales que son los libros disponiéndolos encima de una pala para cubrir aún mejor las distancias. ¡Pero prohibir el acto tan sencillo de suministrar los libros solicitados en una biblioteca, contando con unas garantías tan seguras…!
    

Ayer me desplacé a Manzanares para devolver en su Biblioteca un par de libros prestados. Al entrar, se me tomó la temperatura, me indicaron el dispensador de gel, me orienté por la flecha correcta, dejé los dos volúmenes en una caja, donde otros libros reposaban. No pedí ningún nuevo tomo, aunque pude hacerlo. La Biblioteca de Manzanares continúa con su usual funcionamiento. No se puede usar el ordenador para que uno busque en el catálogo. No se puede pasar a la zona de los estantes. Todo te lo tienen que mirar y te lo tienen que traer. Tampoco puede uno sentarse en unos sofás donde la gente hojeaba relajadamente periódicos y revistas. Pero en las mesas de estudio se puede seguir tomando asiento, pues están convenientemente distanciadas. La Biblioteca de Manzanares tiene un magnífico diseño. Dispone de una soleada terraza para que la gente pueda leer y trabajar al aire libre, que, naturalmente, sigue utilizándose.
    

¿No se podría hacer, querida alcaldesa, lo mismo en la Biblioteca de Alcázar? Si se puede comprar comida en los puestos del mercado, en el supermercado o en las tiendas; si se pueden comprar otras cosas; o si se puede tomar la comunión, hay que considerar que los libros son objetos primordiales. Yo tengo que esperar a solicitar el préstamo de cuatro libros que necesito para mis labores. De no obtenerlos en la Biblioteca tendría que gastarme cien euros para tenerlos en mi poder. Hay gente en el pueblo que, falta de dinero, y lectora, se nutre únicamente de la Biblioteca; lo sabes. El libro es algo perentorio. Como el comer. O, al menos, como comulgar. Fue antes la Biblia que la comunión.
    

Por favor, échanos una manita, y convence a Sanidad para que subsane esta injusta norma que innecesaria y perjudicialmente rige durante esta maldita pandemia.
    

Saludos.

AMADOR PALACIOS    

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