La música que para mí no ha dejado de sonar,
la música que acompañó mi “despertar”,
la pusiste tú.
En la mesita, junto a la ventana
que daba al patio estaba el tocadiscos,
en él los vinilos giraban, giraban, giraban…
y de música
se llenaba el aire de, Torres 13, aquella casa...
Serrat, Adamo, Los Shadows, Los Rolling Stones,
Los Beatles, Jimmy Fontana, Los Animals…
Santiago… “La casa del sol naciente”
Canciones… Canciones y… Poesía…
Bécquer, Juan Ramón, Machado, Cernuda,
San Juan de la Cruz, Rosales, Lorca, Alberti,
Salinas, Aleixandre, Miguel…
Páginas y páginas, un derroche poético que
fue creciendo y creciendo,
ya nunca dejó de crecer.
Qué magnífica compañía, qué preciado hilo
del que tirar,
qué mundo por descubrir pusiste a mi alcance;
un mundo que hice mío,
en el que siempre has estado,
y en el que siempre, siempre, estarás.
En los títulos, por los márgenes, a pie de página,
en cualquier poemario en el que pongo los ojos,
aun sin abrirlo, ahí estás;
y son tantos los que me llegaron de tu mano…
A alguno de ellos ya las hojas le amarillean
por el tiempo: “Rimas y Leyendas” de Bécquer,
quien ya en su primera “Rima”
dejó escrita su sentencia a la posteridad:
“Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en las sombras”.
Santiago, aunque ya te lo he dicho muchas veces,
gracias, muchísimas gracias,
por entregarme ese maravilloso hilo del que tirar.
Tony Ramos Plaza