Fue en mayo del 2020 (¡se me antoja tan lejano por todo lo que hemos sufrido!), cuando la empresa TAQ Distinciones, ubicada en Alcázar de San Juan (de referencia en el sector de los reconocimientos a personas e instituciones y comprometida con su tierra castellano-manchega), propuso a la Asociación Española de Derecho Farmacéutico-(ASEDEF) que les ayudáramos a nominar a quienes en el sector de la salud durante y después de la pandemia tuvieran una actuación solidaria y hacerles entrega de una pieza única, diseñada al efecto; un corazón solidario que vino a llamarse “España en el corazón”. Desde aquel entonces estos reconocimientos han ido escalando en importancia y presencia. Los hospitales de Mancha Centro y la Consejería de Sanidad de Castilla La Mancha están entre los muchos galardonados.
Quiero enlazar la entradilla anterior con algo que también está en el corazón, la España rural, la de nuestros pueblos y aldeas, es la España que configura y salpica la llanura castellano-manchega (y la que no es tan llana) de puntos casi inexistentes en los planos geográficos.

Asistimos impávidos desde hace tiempo a un problema que lo tuvimos entonces y lo seguimos teniendo ahora. Es precisamente ahora cuando se comienza a hablar (en serio) del fenómeno de la despoblación de nuestros pueblos, la despoblación del que se ha dado en llamar medio rural pero que afecta tanto a los pequeños pueblos como a los medianos de nuestra Comunidad Autónoma y por extensión a todo el país. No es la España vaciada, es la España olvidada.
Plantearnos el tema con toda su crudeza necesitaría de un estudio sociológico, demográfico y político de extraordinaria magnitud (que los hay) y este artículo, por su limitación, quiere arrimar el hombro de las ideas y provocar la acción de ciudadanos, estamentos y administraciones que deben posicionarse tanto en la identificación del problema como en las soluciones que requiere, para ello hace falta fundamentalmente compromiso político.
El reto demográfico y la despoblación han encendido la luz de alarma de la realidad que acecha a nuestros pueblos que no sean las ciudades más grandes de Castilla La Mancha y del resto del país; algunas de estas ciudades también están sufriendo ya este fenómeno aunque sea menos notorio.
Se ha avanzado en conciencia social, solidaridad, preocupación y consecuentemente en la necesidad de una acción rápida, que en muchas ocasiones se contrapone a la inacción política decisoria.
Buscar un modelo de desarrollo para los pueblos no resultará fácil porque se debe actuar de forma transversal con programas y políticas ad hoc y han de surgir de abajo hacia arriba; no basta con la voluntad política reflejada en grandilocuentes programas, sino que hace necesario el planteamiento de base, desde los propios ciudadanos y los ayuntamientos sabedores de sus problemas, con propuestas reales que debieran ser tomadas en consideración por las estructuras administrativas superiores para, a partir de ahí, buscar las soluciones en medio de las crisis de todo tipo que deberemos sortear y no olvidar.
Para esa España olvidada que está en el corazón es casi un empezar de nuevo. El vértigo que produce la velocidad con la que avanza la humanidad en aspectos tecnológicos, sociales, relacionales, y de expectativas de futuro, nos sitúa ante una nebulosa detrás de la cual no sabemos realmente que nos espera por mucha modernidad que parezca reflejar; cambios de tendencias y tradiciones que nos trajeron hasta el día de hoy se ven desbordadas sin más, e incluso el propio lenguaje cambia para adoptar palabras sin sentido que de forma mágica cobran vida con el beneplácito de parte de una sociedad indolente en la que la palabra ya no es la vía de comunicación exclusiva (me atrevería a decir preferida); un avance en entredicho.
Parece necesario aprovechar las oportunidades del desarrollo sostenible, la economía circular y las energías verdes como nuevos sectores y yacimientos de empleo para el desarrollo rural y de los pueblos en decadencia que deben tener a su disposición infraestructuras y redes de comunicación hoy tan necesarias. Los pueblos que se han quedado atrás por falta de atención necesitan de un apoyo decidido y un gran esfuerzo de solidaridad para con ellos.
¿Quién no entiende que el sector agrario es pilar fundamental?; es el sector primario en la economía de una nación, por lo que debe seguir siendo estratégico; con una apuesta clara por la agricultura profesional, moderna, con nuevas generaciones que aprecien el sector por lo que vale, con políticas claras de diversificación, fomentando el empleo, con políticas efectivas de comercialización sin agravios hacia los productores, con desarrollo de derechos y no solo obligaciones.
Nuestros pueblos olvidados luchan contra la desigualdad social y económica; existe una sensación de rebelión interna de quienes se sienten (con razón) más desfavorecidos en un país que cada día que pasa deja más atrás a quienes han estado desatendidos de forma persistente, víctimas de políticas centralistas.
Nuestros pueblos, aunque mayores por la edad media de sus vecinos, están activos, están vivos y luchan por tener futuro con una justa transformación tratando de subirse al tren del progreso. Nuevas formas de gestión económica y territorial e incluso un Pacto de Estado se ha reclamado desde la Federación Española de Municipios y Provincias. Las comunidades rurales son estructuras o núcleos en los que apoyarse para un desarrollo real y sostenido.
La Unión Europea aconsejó a España que invirtiera recursos en el desarrollo de territorios despoblados, pero estas recomendaciones han sido sistemáticamente ignoradas.
Los pequeños núcleos de población aunque tengan cercana una población mayor en habitantes que le sirva de referencia, en el que satisfacer determinadas necesidades como las administrativas, de comunicación, asistencial, empleo, etc. deben tener su autonomía que le haga poder autogestionarse y le dé posibilidades de supervivencia e incluso de crear políticas de desarrollo dentro de su estructura local; hay que crear y facilitar nuevos instrumentos para la autogestión de los pueblos.
Ningún ciudadano quiere prescindir del llamado “Estado de bienestar” y para ello la función pública tiene una enorme responsabilidad en la redistribución de la riqueza y alcanzar las mejores condiciones posibles tanto económicas, de salud y de prestaciones que hoy son imprescindibles.
Los futuros proyectos para el medio rural deben tener el objetivo de crear empleo, garantizar servicios básicos de calidad, mantener consultorios médicos, una escuela rural de calidad, servicios sociales para atender las necesidades sociales existentes, garantizar la atención a nuestros mayores, etc, etc.
Así lo ha querido ver el gobierno de Castilla-La Mancha con la firma del “Pacto contra la despoblación” en febrero de 2020 con el presidente señor García-Page a la cabeza del compromiso; una actuación pionera para abordar el problema que hoy trato aquí; una marcada estrategia a desarrollar en los próximos años y tener “pueblos para vivirlos”; 196 actuaciones anunciadas por el vicepresidente señor Martínez Guijarro muy a tener en cuenta porque nos jugamos mucho en este empeño. Es bueno tener localizado el problema para buscar las soluciones y esto es lo que se pretende desde el gobierno de Castilla-La Mancha.
Nuestra tierra, Castilla-La Mancha necesita el compromiso de todos y a esto nos sumamos desde ASEDEF (sociedad científica sin ánimo de lucro) y desde TAQ Distinciones (con la solidaridad como bandera de desarrollo) y nos ponemos a disposición de quienes lideran esta iniciativa para unir esfuerzos en lo ya iniciado. Así lo ha decidido la Junta Directiva de ASEDEF y consensuado su Comité Científico.
A estos efectos hemos encargado a TAQ Distinciones que diseñe una pieza exclusiva que represente este empeño de las administraciones públicas por hacer revivir esos pueblos olvidados que forman parte del corazón de España. Pretendemos que tan pronto se diseñe se dé a conocer en exclusiva a El Semanal de la Mancha y presentarlo a las autoridades regionales presencialmente.
La España rural debe contar con una desconcentración institucional que permita individualizar los problemas y ayudar a las personas en sus proyectos profesionales, porque cuando las condiciones de un proyecto de vida a futuro se dan, las personas eligen vivir en su tierra. Eso es lo que queremos. Una España de oportunidades para todos y, por tanto, para esa España olvidada que está en el corazón de nuestros pueblos.