Reflexiones desde el Corazón de Europa: "La migración ordenada"

Por Javier Mata

Bonjour à toutes et tous!

Se están cumpliendo sesenta años del comienzo “oficial” de la llamada “migración ordenada” de españoles sobretodo a Europa, que alcanzó su pico a mediados de los años sesenta. Hubo otra anterior, más que migración, exilio, como consecuencia de la guerra civil y el inicio de la dictadura. Volverá a haber un nuevo pico de emigración en las décadas de los setenta-ochenta y el de los llamados “milenials” que aún perdura.

Si dejamos de lado la del exilio de la dictadura, la de los años sesenta es la que mas perdura en la memoria colectiva seguramente. No hablo de las “emigraciones” de trabajadores temporeros por la vendimia, sino de la de aquellos que lo hicieron, de manera oficial o clandestina, para trabajar y ahorrar durante unos años y que en una buena mayoría se quedaron en los países a los que emigraron, a partir de finales de los cincuenta con la “apertura de las fronteras de la dictadura”.

No es necesario incidir en el hecho de que no todo el mundo salía amparado por el Instituto de emigración, a veces muy lento en sus tramites, y que muchos lo hacían de manera “ilegal” amparados por otros emigrantes. Europa, en pleno crecimiento económico tras la segunda guerra mundial, necesitaba mano de obra, especialmente Francia, Alemania y Suiza, que fueron los países más receptores. Las condiciones que se encontraban no eran las mejores, la xenofobia estaba siempre latente y eran especialmente duras para las mujeres que en buena parte debían trabajar como empleadas de hogar.

Desde que inicié el camino de la emigración acompañando a los “milenials”, sin serlo ya que mi caso no es habitual, hace algo menos de una década, he tenido la oportunidad de encontrarme con muchos españoles, y descendientes de españoles, que vinieron exiliados por la dictadura, pero también por esa ola emigratoria de los años sesenta. Son gente que se siguen considerando españoles, a pesar de haberse nacionalizado en buena parte, que han echado raíces en este país, y que siguen soñando, cuando no lo hacen regularmente, con volver a la tierra de la que salieron.

Pocos, por no decir ninguno, han recibido el agradecimiento del lugar en el que han dejado su vida trabajando, como digo, no siempre en las mejores condiciones, y prácticamente el 100% se sienten algo “extranjeros” en España cuando regresan. Es la “paradoja” del emigrante de la que he hablado ya: cada vez que regresas te sientes un extraño, y vas desarraigándote poco a poco.

Ahora me “codeo” con los grupos de emigrantes “milenials” que han venido sobretodo en estas dos ultimas décadas. Un gran numero de titulados superiores, en busca de un sueldo “digno” y un no despreciable numero de trabajadores no cualificados buscando un trabajo que no tenían. Ahora no hay posibilidad de venir clandestinamente como muchos hicieron en los sesenta, porque la ciudadania europea te permite viajar y trabajar sin mas documento que tu dni español. Pero sigue siendo muy duro. La edad me da una especie de “paternidad” sobre el resto de los emigrantes con los que coincido, y por eso tengo ocasión de ver lo difícil que es cuando tienes hijos pequeños, la “morriña”, las frustraciones, etc… y no pocas veces he tenido que consolar las “lagrimas” y animar.

Yo mismo he pasado por momentos difíciles, aquellos en los que te preguntas: qué demonios haces aquí. Yo, hasta la fecha, me he sentido excelentemente tratado y reconocido, sobretodo profesionalmente, en Francia, y en muchísimas ocasiones como no lo había sido en España; pero yo soy un caso particular como ya he expresado, y los casos como el mío, son excepcionales. Tengo o he tenido puestos de responsabilidad y mi familia está en Francia.

Cuando me encuentro con algun emigrante o descendiente de emigrante o exiliado, me recorre el cuerpo una especie de compasión pensando las dificultades que ha tenido que vivir. Pero a la vez un sentimiento de reconocimiento por su coraje. Es lo que le digo a los que entran en “horas bajas” y recurren a mí con sus angustias: “hiciste lo mas difícil, que fue salir de tu tierra para instalarte en otra extraña, con otras costumbres y otro idioma. Ahora no puedes abandonar por una piedra en el camino”.

Somos “mochileros” - repito a mis compatriotas emigrantes -, un día cogimos la mochila, la echamos al hombro y vinimos a un lugar fuera de España. Parece que echamos raíces, pero solo lo parece. En el fondo siempre echas de menos tu tierra y no pocas veces la idealizas. Pero vivimos el día a día, sin importar que de nuevo llegara el momento en el que volveremos a coger la mochila y seguir caminando”.

Por todo ello quiero pedir para todos aquellos que han tenido que salir de su tierra para instalarse en otra, en busca de un futuro mejor, un respeto y reconocimiento, no mayor sino él mismo que merecen el resto de los oriundos o los que no emigraron.

Bon courage!

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