Bonjour à toutes et tous.
Han pasado mas de 200 años dede que en1776, el médico británico Edward Jenner inoculaba a James Phipps, un niño de ocho años, pus proveniente de una lesión de una mujer contagiada de una enfermedad llamada vaccinia o viruela de las vacas. Jenner había observado que las lecheras contagiadas con esta enfermedad no desarrollaban después la viruela humana. Y con aquel gesto, inicio una época salvando millones de vidas.
Después de aquella primera “vacuna”, vinieron otras muchas: Pasteur con la rabia, Calmette y Guerin y la tuberculosis, Theiler con la fiebre amarilla, Enders y el sarampión, Salk con la poliomielitis, Haffkine con el cólera, y una lista cada vez mas larga.
La eficacia de las vacunas, y su valor para la humanidad, tienen muchos referentes, entre ellos el español Balmis, y su recorrido por medio mundo salvando vidas de la viruela. Hoy, resulta cada vez más difícil que la población sea consciente de la realidad que supone como método de prevención. Hasta la llegada del COVID y su paralización de nuestro modo de vida, realmente no nos habíamos tenido que enfrentar a un problema de salud publica parecido. Cierto es que la gripe mata cientos de miles de personas todos los años, con su record en la mal llamada “gripe española” a principios del siglo pasado, pero no toca los cimientos de nuestro modo de vida como ha hecho el COVID.
Quizás esto es por la ausencia de una sensación de peligro para la salud publica, y también por la facilidad con la que hoy cualquier “cantamañanas” con ganas o necesidad de notoriedad puede opinar y crear desgraciadamente opinión, acerca no ya de la no eficacia, sino incluso de lo supuestamente perjudicial que puede ser para la salud, una vacuna. Y como digo, esa corriente de “antivacunas” ha crecido en los últimos años, creando verdaderos brotes de enfermedades que no deberían surgir, con su irresponsabilidad e ignorancia.
Estoy seguro que aquellas madres que, no hace tanto, veían a sus hijos morir de enfermedades como la viruela, el sarampión, la difteria, o el tétanos; o de aquellos que tenían que padecer las secuelas de la poliomielitis, no dudaron ni volverían a dudar ni un segundo en vacunar a sus hijos y evitar ese sufrimiento. Como esa realidad afortunadamente no existe hoy a gran escala, en muchas enfermedades, es por lo que nos encontramos con gente, incluso algunos compañeros sanitarios, que por desgracia ponen en duda su eficacia y utilidad, o simplemente la niegan.
Esta irresponsabilidad que pone en peligro vidas de manera absurda, es la que ha surgido de nuevo en, como decía antes, gente con ganas de notoriedad y ha creado algo de opinion al respecto con la vacuna del COVID.
Afortunadamente la ciencia tiene, en estos momentos, conocimientos y tecnología suficientes para poner en marcha una vacuna eficaz en plazos relativamente cortos si se invierte el suficiente capital humano y económico. Y eso es lo que ocurre, permitiendo que podamos empezar a vislumbrar la luz al final de este oscuro y desagradable túnel.
Creo que la realidad de lo que nos ha tocado vivir ha hecho que la actitud general haya cambiado al menos significativamente. En mi hospital en Francia, y por los datos que tengo de mis amigos españoles en los de España también, este año hemos triplicado el numero de sanitarios que normalmente se vacunan contra la gripe. Excelente señal.
Al igual que en el resto de Europa, nosotros ya tenemos preparado todo para comenzar a vacunar a primeros de enero. Las personas mayores, y los que tienen criterios de vulnerabilidad, en primer lugar. El Servicio de Salud Laboral que dirijo empezara poco después de las “campanadas” a vacunar personal sanitario, que es lo que nos corresponde. Y así se hara en el resto de Europa.
Yo me vacunaré en cuanto me corresponda, que según nuestra hoja de ruta, debería ser antes que finalice enero. Y no me siento “cobaya”. No tengo ningún temor. No me saldrá “pelo” (aunque no me vendría mal), ni “alas de murciélago”. Y no voy a tener efectos adversos más alla de los ya puestos en evidencia en los ensayos realizados, que como en todas las vacunas o medicamentos, son en su gran mayoría leves.
No me queda mas que animar a mis paisanos a que cuando les corresponda hagan lo mismo que yo. De nosotros depende que alcancemos cuanto antes una inmunidad colectiva suficiente como para detener esta pesadilla. De nosotros depende evitar que nuestros mayores sigan siendo los grandes damnificados de esta pandemia. Hasta ahora ha sido el momento de los sanitarios. Ahora es el momento de toda la población. No hagamos caso a “cantamañanas irresponsables”. De ti y de mi querido lector, depende. Hagámoslo!
FELICES FIESTAS Y FELIZ 2021!
Javier Mata