Bonjour à toutes et tous! Primero, pedir disculpas a mis lectores por el retraso. He estado muy ocupado con un nuevo traslado para iniciar mi “séptima vida profesional”, en Tours (Valle y Castillos del Loira), en Francia. Supongo que será la “ultima” vida profesional antes de la jubilación.
El 3 de marzo se celebra el día mundial de la audición. No puedo dejar pasar la efemérides sin referirme a ella. En mi condición de médico del trabajo y experto en audiología, he tenido y tengo a diario que bregar con los trastornos auditivos, que son fácilmente evitables y por tanto prevenibles.
Dejo de lado las patologías derivadas de agentes biológicos (infecciones por virus o bacterias) y por supuesto las derivadas de trastornos genéticos o congénitos. Su tratamiento es diferente y, sobre todo, su prevención muy difícil, cuando no imposible, en estos momentos.
Sin embargo, hay una patología que sí que podemos evitar. Hablo de la derivada a la exposición al ruido. Somos, creo yo, plenamente conscientes de los trastornos para la vida diaria y el descanso que produce el ruido. Estamos de acuerdo en los problemas de relación, concentración e incluso psicológico que produce. No dudamos en lo desagradable que es estar expuesto al ruido. Incluso sabemos que produce una sordera irreversible y sin tratamiento. Pero a pesar de ello, somos muy benévolos con el ruido.
Dicen que España es uno de los países más ruidosos del mundo. Y creo que todos estamos de acuerdo. El nivel sonoro de los lugares de reunión habitual para ocio suele ser infernal, y la adecuación de los mismos a evitar la redundancia del ruido inexistente la mayoría de las veces. Pero aguantamos como “jabatos” en ellos, y acabamos gritando para hacernos oír, con toda condescendencia.
Yo, más que recalcar el hecho de que España sea uno de los países más ruidosos, recalcaría que somos uno de los países mas condescendientes con el ruido. Pero insisto, fuera de lo desagradable de la exposición al mismo, está su potencial como fuente de producción de sordera irreversible, repito: irreversible.
Hay dos tipos de exposición al ruido en función de su origen: profesional y por ocio. Desde el punto de vista de la exposición profesional, quiero recordar que todo trabajo expuesto a una fuente sonora superior a 80 dB debe estar acompañado de la posibilidad de trabajar con protecciones auditivas adecuadas. Y si la fuente sobrepasa los 85 dB, la protección es obligatoria. Quiero recalcar que 85 dB los superamos con frecuencia en muchas actividades, y lo hago para que seamos conscientes que no hablamos de un nivel de ruido enorme.
Es cierto que ademas del nivel de ruido hay que valorar el tiempo de exposición, pero también es verdad que ruidos como el producido por la explosión de un disparo de arma de fuego cerca del oído, supera los 120 dB y puede producir, en una sola exposición ya, una perdida auditiva irreversible.
La otra fuente de exposición es la del ocio. Aquí recalcaría dos tipos, el derivado de los medios de transporte (motocicletas sobre todo) y el de la música. En cuanto al primero, decir que se sobrepasa con creces los niveles indicados a nivel profesional, sobre todo si se manipulan para quitar los silenciadores y hacer que sean mas ruidosos. Suelo comentar que aquellos que van montados en motos sin silenciador, montan mas bien encima de un “ruido”. Respecto de la música, quiero recalcar también acerca del hecho de porque hablemos de música no es diferente del “ruido blanco”. Por lo tanto, cuando llevamos puestos cascos con el volumen al máximo o nos ponemos en locales de ocio con música cerca de los altavoces, superamos con creces de nuevo los limites permitidos por la salud y por tanto estamos expuestos a desarrollar una sordera irreversible.
Sin embargo, todo ello es fácilmente evitable. En el caso de exposición profesional, simplemente demandando a la empresa las protecciones auditivas adecuadas y en el caso de la exposición por ocio, evitando colocarnos junto a las fuentes sonoras, disminuyendo el volumen de los cascos de música y no manipulando los silenciadores.
Respecto a la “condescendencia” con el ruido, mucho debemos cambiar, siendo menos permisivos con él mismo, evitando locales concurridos no bien insonorizados. De nosotros depende que las listas de personas con sordera irreversible por ruido deje de aumentar a diario.
Bon courage!