Hace poco cumplí 65 años. Una cifra redonda, incluso mágica. Podría parecer que la antesala, o la puerta, de eso que llaman vejez. Pero yo me siento joven. Y es por eso que he decidido poner fin a mi vida profesional antes de que acabe el año. Porque quiero vivir sin las obligaciones de la profesión y porque sobre todo, quiero dejar paso a otras personas con menos experiencia pero ideas mas frescas.
Me siento joven a pesar de que mi cuerpo se va llenando de canas y arrugas. Cada una de ellas habla de una experiencia vivida, sea buena o mala. De momentos compartidos con personas que merecen la pena o personas tóxicas que expulsé. Me siento con muchas ganas de seguir viviendo, de hacer cosas que dejé aparcadas por la profesión. Me siento con ganas de vivir con mayúsculas.
Estoy contento y feliz de todo lo vivido hasta ahora, aunque haya algunas cosas que quizás no debiera haberlas hecho como las hice. Miro hacia atrás, y a pesar que parece que pasó ayer, me da cierto vértigo rememorar todo lo vivido. Pero me congratulo, porque otras personas de mi entorno a lo largo de estos años vividos, no pueden rememorar ni escribir esto que estoy haciendo. Y me enfrento al futuro, a mi nueva vida, con ilusión, en cierto modo como un novato, y me apetece el reto.
Soy consciente de que tengo menos resiliencia. Que, aunque siempre intenté decir lo que pensaba, ahora no me lo callo. Que he dejado de dar importancia a las cosas que no puedo cambiar. He dejado de escuchar a los que o no tienen nada que decir, o solo saben mentir. Que no me creo nada hasta que no lo he contrastado bien, y a veces ni aún así. Que cada vez me importan menos las convenciones sociales inútiles. Que cada día me asombro mas de la vida que me rodea y de la que formo parte. Que intento guardar un profundo respeto por cada ser vivo con el que comparto planeta. Que sigo siendo algo gruñón, pero eso ya no puedo, y quizás no quiero, cambiarlo.
Soy un privilegiado por haber nacido aquí, y no en otro sitio sin recursos. Y por eso siento un profundo respeto y compasión por aquellos seres humanos que no tuvieron la suerte que yo tuve y buscan desesperadamente un modo de vida mejor. Y eso me genera también una animadversión profunda por quienes no los respetan.
Soy un privilegiado por haber tenido la formación sociocultural, incluso religiosa, que he tenido, y aunque ya no sea creyente, siento un profundo respeto por las creencias de los demás, siempre que no sean dañinas con la vida, y con el respeto a cada persona.
Soy un privilegiado por haber tenido la educación y formación profesional que tuve, y por todas las personas que a lo largo de estos casi 40 años de profesión médica me han ayudado o creyeron en mi.
Soy un privilegiado por haber tenido la familia que tengo, aunque ya falten algunos, y las personas que me acompañan para lo bueno y lo malo, incluido los amigos, los de verdad.
Sesenta y cinco años, una cifra redonda, incluso mágica. Para nada miro al pasado con nostalgia o tristeza porque haya pasado el tiempo y haya cosas que se acaben, sino con alegría por haberlo vivido y con ilusión por lo que vendrá. Y quiero y pienso seguir cumpliendo mas años, todos los que pueda. Y seguir escribiendo.
Termino abrazando a quienes comparten mi reflexión… y respetando a quienes no la comparten.
Javier Mata