FORÁNEO DE ALCÁZAR

VILLACENTENOS. “Ahí está, viendo pasar el tiempo…”

Por Chindasvinto

Considerado como “madre de una villa (Herencia) e hija de otra (Alcázar de San Juan)”, el paraje de Villacentenos permanece desolado, pese a su carácter estratégico económico-militar en el Medievo y a los múltiples y fracasados intentos repobladores.

El lugar ya aparece mencionado en los listados de asentamientos púnicos e íberos, de Ptolomeo y Plinio el Viejo identificado como Murum,. También citado por Éforo de Cime, Estrabón y Polibio (Historia de España. Protohistoria. Vol. II. Sebastián Celestino Pérez et al. Akal, 2017) aunque para Ptolomeo, Murum podría tratarse quizá de Villarrubia de los Ojos. Formaba parte del grupo étnico que constituía Oretania (nombre que deriva de Oretum, actual Granátula de Calatrava) y que abarcaba Ciudad Real, Albacete, sur de Cuenca, zonas del norte de Córdoba y gran parte de Jaén (Hecateo de Mileto en “Ges periplos”). Aunque algunos piensan que estos lares se integraban bien en Carpetania o en Celtiberia, las fuentes clásicas son más coincidentes en su naturaleza Oretana, en el norte, en la llamada “Oretania germánica” por una antiquísima migración de pueblos germanos a la zona. Quizá fuera zona de confluencia entre todas estas etnias íberas y todos acierten, con las debidas reservas por las comprensibles imprecisiones dada la antigüedad de las fuentes.

En época árabe inicial estuvo integrado en al-Andalus, con una organización territorial típica islámica: poseía un iqlim (castillo o atalaya defensiva) y territorio dependiente productivo alrededor. Posteriormente, y en tiempo de las taifas, se inscribía dentro de la taifa de Toledo.

El verdadero protagonismo de Villacentenos comienza con la Reconquista, una vez la zona de frontera se había situado al sur de Toledo tras la toma de la ciudad por Alfonso VI en 1085. Esta zona de la Mancha sustituyó a la antigua Extremadura Castellana (Salamanca, Ávila, Segovia, Soria, Palencia y el valle del Duero en general) como “tierra de nadie”, un territorio hostil que se extendía hasta las estribaciones de Sierra Morena. Los cristianos no querían asentarse allí temiendo razias musulmanas o saqueos relámpago provenientes de zona islámica. Sensación inversa vivían los musulmanes, por lo que el resultado final era la despoblación y lo que urgía a la monarquía era consolidar las nuevas posesiones definitivamente mediante repoblación, alejando el vacío demográfico. Conseguir que esa “tierra de nadie, de frontera”, fuera definitivamente cristiana era el objetivo último.

Villacentenos tuvo en ésta época un valor estratégico enorme, de carácter militar, como lugar de tropas de frontera y bastión de defensa ante los avances musulmanes. En este sentido, no olvidemos el desastre de Alarcos en 1195, de tan agrio sabor para los cristianos. La monarquía no cejaba en su apoyo firme a sus avanzadas cristianas, tanto, que en 1204, una disposición testamentaria de Alfonso VI donó dos mil maravedíes durante diez años para la construcción del castillo de Consuegra y beneficios para Villacentenos (Anónimo de1920. Puyol y Alonso, Julio, ed. Crónicas anónimas de Sahagún. Madrid: Real Academia de la Historia.). Algún tiempo después se puso de manifiesto su influencia estratégica comercial, dado que el enclave estaba incluido en el seno central y entorno de la Mesta lindando con la Cañada Real Soriana Oriental (Fig.5), erigiéndose en objeto de deseo de esta Honrada Institución para aprovechamiento de sus abundantes recursos.

La primera aparición de Villacentenos en los documentos data de 1150, cuando con la premura repobladora de un lugar sin gentes, Alfonso VII dona Alcázar a Fernando Gonçalves, Pedro Rodríguez y Juan Muñiz (señores feudales que habían ayudado al monarca en la Reconquista de la zona, incluida Villacentenos). Esta comarca quedó algo más aliviada de razias musulmanas hasta la tregua de 1173 y libre definitivamente de miedos a partir de Las Navas de Tolosa en 1212. Alfonso VII debía seguir sus menesteres militares y proseguir sin tregua en la Reconquista delegando la tarea de repoblar, para lo cual, en 1183 dona todos estos territorios encabezados por Consuegra a la Orden de San Juan del Hospital que tan importante labor tuvo en esta comendación en la Mancha.

Tras la gran victoria cristiana de las Navas, se alejó definitivamente la amenaza musulmana y se aceleró el proceso de repoblación. Alfonso VIII, además cedió a la orden de San Juan los Castillos de Villacentenos, Campo de Santa María, Peñarroya (único que queda en pie) y Ruidera, cesión confirmada por Enrique I en 1215 (Serrano de Menchén, P et al. 2015) siendo prior Frey Montesinos y concedió además privilegio de que cada uno de estos castillos tuviera una dehesa y que los freires sanjuanistas cobraran montazgo (impuesto sobre el pastoreo y paso de ganado) en forma de cinco carneros por cada rebaño que de ovejas que entrara en estas dehesas, que por aquel entonces, al menos en Villacentenos, disponía de grandes recursos forestales y una producción muy importante de bellota (cuyas ganancias sufragaron en parte la muralla y puertas de Alcázar). Tales recursos serían origen de numerosos pleitos entre villas, particulares, orden y Honrado Concejo de la Mesta por las talas indiscriminadas y recogida de bellota fuera de tiempo como veremos (Figs. 6 y 7), y de fondo, la lucha entre ganaderos pastores y agricultores (Fdez.-Montes y Corrales et al 2014).

A pesar de esta apariencia de asentamiento definitivo, en el siglo XIII el proyecto repoblador en Villacentenos no tuvo éxito. La población casi al completo abandonó en poco tiempo la dehesa y su castillo y las causas de esta despoblación parecen responder a dos factores: en primer lugar, el azote de epidemias como la peste o el paludismo, tan común en zonas insalubres enclavadas entre cursos de ríos, Záncara y el Guadiana y  en segundo lugar, los que quedaron vivos aprovecharon los beneficios que ofrecían las poblaciones que estaban recibiendo las cartas de poblamiento “cartas pueblas”, verdaderos estatutos jurídicos locales, para salir de Villacentenos y establecerse en ellas. La causa sanitaria es especulativa pero la emigración con las cartas pueblas es documental. El 16 de Abril de 1239 el comendador de Consuegra Ruy Pérez otorgó carta puebla a la cercana Herencia que atrajo a muchos pobladores de Villacentenos que habían sorteado la enfermedad, los primeros en acogerse a la carta puebla (Barquero Goñi, 1997). El contingente humano recién llegado configuró un hábitat importante en la recién creada población y en este sentido, no resulta sorprendente que se hable de Villacentenos como “la madre de una villa”, Herencia.

Así pues, el primer intento de repoblación resultó fallido y Villacentenos quedó vacía entre enfermedades y migración buscando mejorías.

La consolidación territorial hizo que se fueran concediendo cartas puebla a todos los asentamiento de la zona: la primera carta de población correspondió a Villacañas (1230), Urda (1232), Arenas de San Juan (1236) y Villarta de San Juan (1236) serán las siguientes. Después lo logrará el Concejo de Madridejos (1238) el de Camuñas (1238) y el de Herencia (1239). Dos años más tarde, en 1241, obtendrán su carta de poblamiento Tembleque, Quero y Alcázar de San Juan. Finalmente, en 1248 se les concedería a Turleque, Villacañas de Algodor y Villaverde, estas dos últimas despobladas en la actualidad.

Fig. (5) Mapa del término municipal de Alcázar de San Juan y sus alrededores. No se señalan ni Arenales de San Gregorio ni las pedanías de Cinco Casas, Herrera de la Mancha y Llanos del Caudillo, por datar de la Edad Contemporánea siendo el mapa una adaptación de antiguo mapa del siglo XVI.

Es en el contexto de este aluvión de concesiones de cartas de repoblamiento cuando se inicia un segundo intento de revitalizar Villacentenos, de modo que en la carta puebla concedida a Alcázar en 1241 se le asignaba el paraje de Villacentenos. Cincuenta años más tarde, otro comendador, Fernán Pérez por orden del rey Sancho IV (“El Bravo”) concede a Alcázar el “privilegio de villa”, que no fue gratis, ya que la condición real era que la nueva villa asentara en Villacentenos a 50 de sus habitantes como repobladores, repartiendo a cada uno de los nuevos colonos: tierra y dos yuntas de bueyes y además ninguno de ellos debía de proceder de Consuegra, para no mermar poblamientos ya consolidados de otras posesiones del campo de San Juan. De aquí el origen de la consideración de Villacentenos como “Hija de Alcázar, que de allí recibiría a sus gentes”. Dicho privilegio se confirmó por el hijo y sucesor de Sancho IV, Fernando IV, en 1300. Éste parece ser el documento más antiguo conservado en el Archivo Municipal de Alcázar de San Juan (AMASJ) y no la disposición de Sancho IV como tantas veces se ha leído (Barquero Goñi, C 1997 y Atienza Santiago FJ, 2011).

 El advenimiento del título de villa para Alcázar, con los requisitos descritos, nos debería haber convertido a Villacentenos en una aldea estable dependiente de Alcázar, pero en realidad esta refundación no se llegó a producir y a pesar del apoyo de Iglesia y monarquía. Hasta los priores de la orden no veían con buenos ojos que un lugar estratégico militar para la Reconquista ahora quedara deshabitado. La fortaleza, vital en la línea defensiva contra musulmanes, se había habilitado como iglesia donde los señores de la orden asistían a misa con asiduidad. Esto formaba parte de una estrategia de consolidación de un lugar recién conquistado, concederles entidad religiosa a través de iglesias que se iban fundando o reconstruyendo. El apoyo vino incluso del arzobispo de Toledo Don Rodrigo Ximénez de Rada que, durante su mandato (1209-1247) visitó incansable y tenaz todas las nuevas localizaciones para afianzar el poder religioso en la comarca. Para refuerzo de este lugar en concreto, la iglesia existente fue declarada parroquia en 1281 y en ella asistía a misa el príncipe Sancho IV mientras pasaba largas temporadas en el castillo de Alameda de Cervera que era lugar de recreo habitual para él y para algunos priores de la orden.

Pero ni el “privilegio de villa” para Alcázar, ni las prebendas para los que en la dehesa se asentaran ni el apoyo de la orden, del obispado y de la monarquía, consiguieron una repoblación adecuada, sino un lento e imparable declinar hacia el vacío humano. Esto significó el segundo intento fallido de repoblación y Villacentenos volvió a quedar sin almas y reducido a dehesa.

Pero la orden no se daba por vencida y pensó que con la creación de un señorío, el Señorío de Villacentenos con título nobiliario, podría generar un atractivo núcleo en torno al cual conseguir poblamiento. Se le concedió a la familia Ribadeneira que sirvió a la orden durante la Reconquista y con la que mantenía magníficas relaciones personales. Ya en el XVI Catalina de Ribadeneira, hija del señor de Villacentenos (D. González Pérez de Ribadeneira) llegó a contraer matrimonio con D. Álvaro de Zúñiga que a la postre sería Prior de la orden. Otros Ribadeneira aparecen en la vida social de Alcázar en los siglos XVI y XVII. Empero, de nada sirvió la creación del señorío para consolidar población en Villacentenos. (Martín Fontecha, Ángel, 2017. Herencia. Orígenes de Villacentenos. En Ruidera Treasures. www.ruideratreasures.es). Era ya el tercer intento fallido de repoblar.

De los pocos que quedaron, dedicados a tareas agropecuarias y forestales, ninguno que no escapara quedó vivo tras la epidemia de peste de 1438 en Castilla. “Los últimos supervivientes quemaron las viviendas con los agonizantes dentro”. Otros lugares como Pedro Muñoz también se despoblaron y con el tiempo volvieron a recibir gentes, pero en cantidad anecdótica. Las villas vecinas comenzaron una carrera por la posesión del paraje con su huerta, dehesa y parada de molino, generándose pleitos que junto a los interpuestos con la Mesta se prolongaron casi hasta el XVII requiriendo intervención incluso de Felipe II. (Figs. 6 y 7)

Mediado el siglo XV (1457), un capítulo de la orden (cuyo prior era D. Juan de Valenzuela) cedió el predio a censo perpetuo (arrendamiento enfitéutico) a Juan López Caballero, de la nobleza menor (Atienza Santiago, 2011) por la cantidad de 2.600 maravedíes pagaderos en Alcázar anualmente en el día de San Juan. Como todo en Villacentenos, esta concesión terminó con un nuevo fracaso, en el cuarto en el intento de asentar población estable.

La relación con el quijote de esta familia parece argumentada y densa. Don Juan López y su esposa Inés Cabrera tuvieron dos hijos: Pedro Barba y Catalina Vela. El primero, hombre de armas (Pedro Barba es citado en el Quijote., cap. XLIX, 1ª parte) atendía como podía a la concesión y arguyendo más perdidas que ganancias arrendó parte de Villacentenos a campesinos de villas vecinas. La segunda que casó con Garci Pérez de Ribadeneira se hizo cargo de modo poco ortodoxo de este término. Su hijo, Jerónimo de Ayllón, se vio por ello inmerso en un largo pleito con el contador del priorazgo de San Juan durante diez años para demostrar la legalidad de su empresa sobre Villacentenos (Ligero Móstoles, A 1991, Íñiguez Barrena, F (2007). Un hijo de Jerónimo de Ayllón y último que gozó de la concesión de Villacentenos, Don Alonso de Ayllón, es según Don Ángel Ligero Móstoles, el famoso cervantista, el personaje que inspiró Cervantes el personaje de don Quijote, el otro Alonso.

A partir de aquí y ya en la segunda mitad del XVI, los pleitos que incluyen Villacentenos se cuentan por decenas, pero quizá los dos más ilustrado y de mayor envergadura sean:

1. El de 1618 por el gobernador del priorato de San Juan Alonso Leandro de Herrera contra los regidores de Herencia “sobre talas en los montes del Arenal y Acebrón, y coger bellota fuera de tiempo en la dehesa de Villacentenos”. (Hervás Herrera, MA. Archivo de la Real Chancillería de Granada, caja 2710, pieza 20).

2. El interpuesto por el Honrado Concejo de la Mesta contra las villas de Alcázar, Villarta, Arenas y Herencia por “impedir el paso de ganados mayores y menores por el término dicen de Villacentenos” y haber tomado prendas de mesteños. De este proceso se conservan tres ejecutorias de Felipe II en favor del Concejo, garantizando el libre tránsito de ganados por Villacentenos. y dos de 31 de enero de 1573, una referida a un pleito entre Alcázar y Villafranca de los Caballeros sobre la jurisdicción de Villacentenos (Archivo Histórico Nacional. Diversos-Concejo de la Mesta, leg.11 docs.14, 15 y 16. El pleito completo en Archivo Real de la Chancillería de Granada, caja 2447, pieza 1). El mismo Felipe II ordenaba sacar traslado de diferentes “probisiones, hordenanças e confimaçiones” sobre Villacentenos y el Acebrón. Fig. (5) que la villa de Alcázar requería para el pleito por la jurisdicción de estas dehesas, contra Villafranca de los Caballeros y D. Pedro de Úbeda (fig. 6 y 7). (Galende Díaz, JC y Ávila Seoane, N. Departamento de Historia Moderna y Contemporánea. Universidad de Málaga.38,2018).

Fig. 6. Provisión real de Felipe II ordenando al escribano depositario de escrituras sobre las dehesas de Villacentenos y El Acebrón, sacar un traslado para la villa de Alcázar de San Juan

Fig.7. Firman el rey, rúbricas de los tres oidores de Granada, licenciados Escipión Antolínez de Burgos, Juan Sarmiento de Valladares y Alonso Núñez Bohórquez el escribano de la cancillería Diego de la Fuente, Otro amanuense “Meneses”, otro oficial anotó las tasas y D. Juan de Gumiel registrador y canciller. Cierra toda la validación sello céreo de placa del que sólo queda la huella por haberse desprendido.

En conclusión, a pesar de la monarquía desde Alfonso VI a Felipe II, del siglo XI-XII al XVI, y la Iglesia, a través que la orden de San Juan, interviniendo en la dehesa de Villacentenos. A pesar de las villas cercanas litigando por el lugar y a pesar de muchos particulares y del Honrado Concejo de La Mesta buscando su propiedad, los intentos de repoblar no faltaron, y con maniobras de toda índole, pero ninguna pudo con el vacío. Mas de 400 años han pasado desde le efervescencia de los pleitos y unos 1000 intentando revivirla. Y ahí está, viendo pasar el tiempo… y alguno añadiría, como la Puerta de Alcalá!.

No me atrevo a sugerir ideas de revitalización porque me temo el fracaso, pero no he podido evitar parafrasear esa conocida canción.

El tintero aún esta medio, pero ya hay que parar. Debí parar hace algunos párrafos, pero para que esto adquiera sentido y rigor me he excedido, no mucho. Con el resto del tintero, habrá segunda parte (el Canal del Prior, Argamasilla y varias anécdotas históricas relacionadas como el linaje castellano De la Cerda) si publican ésta, claro.

Chindasvinto

                 

Más en Opinión
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad