Carnavalcázar y Moros y Cristianos, dos de las fiestas con mayor arraigo en Alcázar de San Juan, han sido protagonistas en el reconocimiento otorgado por la Diputación de Ciudad Real a distintas celebraciones de gran calado en la provincia y han consolidado su relevancia como señas de identidad cultural y como motores de atracción turística. Ambas celebraciones han sido destacadas por su singularidad, su capacidad de convocatoria y su contribución a proyectar la imagen del municipio más allá de su ámbito territorial.
El evento organizado por la Diputación provincial ha servido para reconocer un total de 39 fiestas de 34 municipios de Ciudad Rean, en una iniciativa que busca visibilizar el patrimonio festivo, reforzar su promoción y convertir estas celebraciones en un recurso estratégico para el desarrollo turístico. Se trata de unas distinciones que permiten poner en valor tradiciones que forman parte de la memoria colectiva, al tiempo que generan nuevas oportunidades en el territorio, especialmente en el medio rural, donde muchas de estas manifestaciones constituyen un elemento clave de dinamización social y económica.
En representación de Alcázar de San Juan, han asistido la concejala de Turismo de Alcázar de San Juan, Bárbara Sánchez-Mateos, y el concejal de Festejos de Alcázar de San Juan, Javier Castellanos, quienes han recogido los reconocimientos de ambas fiestas alcazareñas.
Carnavalcázar, entre las Fiestas de Interés Turístico Nacional, ha sido distinguida a nivel provincial por su singularidad al celebrarse durante la Navidad, lo que convierte a la ciudad en un referente único al trasladar el espíritu carnavalesco al mes de diciembre, en el que Alcázar de San Juan se llena de desfiles de comparsas, máscaras y carrozas, junto a actos tradicionales como las murgas, los corros de máscaras o la presencia de los característicos peleles en balcones y calles.
Por su parte, la fiesta de Moros y Cristianos, entre las Fiestas de Interés Turístico Regional, ha sido distinguida con el reconocimiento provincial por su singularidad a la hora de transmitir la historia medieval de la localidad, que se plasma a través de desfiles espectaculares apoyados en el uso de vestimentas tradicionales, recreando el enfrentamiento entre culturas. Celebrada habitualmente a finales de junio, la localidad se transforma en un escenario histórico en el que la música, la pólvora, la artesanía y los pendones envuelven las calles en un ambiente festivo abierto a vecinos y visitantes, configurándose como una de las celebraciones más participativas y visuales del calendario local; y surgida además de la iniciativa vecinal.