Qué hermoso día para morir y tener la dicha de entrar por la puerta sin puerta del cielo, como tú mereces.
Te has ido, amigo Vicentín. Nos has dejado, pero sabes que, desde que nos conocíamos hace más de 80 años, hemos mantenido una duradera y sana amistad.
En la vida tenemos tres etapas: Se nace, se vive y se muere... Y tú, amigo, conseguiste nacer, vivir y morir bien, sacando siempre buen partido de la existencia que te ha tocado vivir.
Los amigos no son ni muchos ni pocos, son los suficientes. De los muchos amigos y enemigos que sabiamente procurabas tener, puedo decir que todos te apreciaban, te querían y te respetaban.
Has tenido una muerte digna, rápida y acompañado de tu fiel esposa, compañera de toda la vida.
No voy a hacer un recuento de los 93 años de tu larga vida, sencilla, amable, sincera... Ahí queda para la eternidad. Yo solo quiero con estas líneas, amigo Vicentín, unirme al dolor que has dejado en tu familia, en tus muchos amigos y en tu pueblo.. A mi dolor.
Sé que habrás entrado por la puerta sin puerta del cielo con humildad, con honor, con la cabeza alta. Siempre sin malicia.
Los que aquí quedamos lloramos tu ausencia y siempre nos acordaremos de ti. No desaparece quien muere sino al que se olvida.
Gracias Vicentín, por haberme considerado tu amigo. Te lo agradezco y me siento muy orgulloso. Se puede vivir sin hermanos pero no sin amigos. Que Dios te acoja en su reino.