Decididamente a nuestro país lo ha mirado un tuerto: Pandemia Covid en grado máximo, volcanes que despiertan, nos vemos metidos de hoz y coz en una guerra a las puertas de la UE. Somos el furgón de cola en el Índice de miseria de Okun, del tren europeo. Y cuando, en un gesto de chulería se suprimen las mascarillas en interiores mientras los contagios siguen en ascenso viene nuestro pariente el mono con su regalo.
Jubilete: Botecillo de madera o de plástico con forma de barril que se usa para agitar el dado en los juegos de mesa. Lo hay en los hogares del pensionista y en los demás centros de la tercera edad.
Feriodista: Profesional de la información acreditado para actuar en ferias como la del libro, la de franquicias, Fitur, Fenavin y ¡cómo no! en la gran feria de las vanidades.
El prestamista cobraba un 5% por prestar atención mientras el aspirante a cliente le solicitaba el préstamo.
Curazón: Órgano cardíaco responsable de muchos problemas sanitarios y –dicen que– sentimentales. También los cura.
El café de media mañana más que un hábito dietético es un rito social, casi una celebración eucarística.
Suicidáneo: Fórmula sustitutiva del suicidio. En vez de suicidarte tú, te suicida alguien ajeno. El resultado es el mismo.
Dormidario: Camello sin terminar (le falta una chepa) que sirve para transportar cosas y gente por las dunas del desierto. Se duerme en cuanto echa a andar.
Lacónico: Relativo al lacón o brazuelo del cerdo: grado de curación, punto de sal y esas cosas.
Incendio florestal: Cuando las flores de una maceta o un ramo empiezan a arder hay que apagarlas enseguida ... con el botijo.
Idiólatra: Que adora a cualquier ídiolo (cantautor, astro del cine, etc.) ya sea en icono o en vivo y en directo.
Cerezoso: Valle de la Extremadura que en primavera ofrece un espectáculo de luz y color que en pintura llamaríamos impresionismo al más puro estilo y le valió ser declarado bien de interés cultural.
Perrroquial: El mejor amigo de la parroquia. El que se come las últimas obleas sobrantes.
La música está ahí, agazapada en su pentagrama, escondida detrás de la clave y hay que hacerla emoción, convertir en aliento vivo toda su complicada semiología.