Alcazareños ausentes

Por Antonio Tomás Romero

Ayer estuve en “mi Pueblo”, mi más sincero agradecimiento a la Archicofradía de la Virgen del Rosario, Patrona y Alcaldesa perpetua de Alcázar, que a un chiquete de aquellos que correteaban por Arenales y Pretiles trinitarios en los cincuenta y sesenta y que sigue viniendo todos los años con cualquier excusa, me hayan reconocido como Alcazareño ausente y debe ser que tanto la Alcaldesa perpetua como la actual Rosa Melchor, accedieron a ello ! y siendo así, ya que soy un desconocido para casi todos, creo que debo corresponder dando unos pequeños “pespuntes” de aquel rapaz, hoy “ausente”...

  

Crecí en la calle Ancha, mis  bisabuelos, abuelos y padres, todos ferroviarios, yacen ahí ,  La Sarriona en Tribaldos, don Juven y don Rafael en mi calle, don Arturo en Manrique de Lara y la Trinidad fueron mis colegios, los adoquines de mi calle Ancha, el Pretil, la Rondilla, Ferrocarril y la Castelar marcaron mis rodillas en mis continuas caídas corriendo como un pájaro loco. y el viejo paraíso de nuestro jardín que asomaba tras la tapia a las Callejuelas, actual calle Moral, era mi refugio cada vez que la zapatilla de mi madre me buscaba y cuando oía detenerse la moto Gucci Hispania de Andrés ( Colique ) a la puerta de casa con aquellas dolorosas inyecciones de aceite de hígado de bacalao.

Tres veces detuvo Cascabel su carroza con negros caballos enlutados frente a nuestra puerta, diez días hacia que cumplí los trece años y esta última se llevaba a mi padre camino al Jardín de los Cipreses...la maletilla de cartón con miles de sueños rotos, el viejo libro del Principito que aún conservo, el cuadernillo de Mata con mis incipientes garabatíllos...y en el Correíllo de Madrid partía camino de los Colegios de Huérfanos de Ferroviarios, León, Madrid, puso fin a mi infancia... pocos años después, formé parte de aquel grupo de alcazareños que unos estudiando y otros trabajando y estudiando fuimos una gran familia en la sórdida Pensión Horizonte de Atocha 28 en Madrid, Sebastianillo Alhambra, Paco Logroño, Juanjo Vega, Tito Abengózar, Joaquín y Angelito Escribano, Cabello, Alvarito, Pochi Úbeda...

Pasaron los años, corrían los ochenta, trabajaba en Pedro Domecq y llevaba las cuentas entre otras empresas la de El Corte Inglés, promocionábamos el Jerez fino La Ina en el centro de E.C.I. de Castellana, venenciador, bota, venencia, gorriones y catavinos, clientes esperando probarlo y al pronto veo acercarse a un señor elegantemente vestido, abrigo gris claro, gesto adusto, elegante...me acerqué al venenciador... Manuel, acércate a él y venénciale un catavinos !... sorprendido él, ¡ No gracias ! yo soy proveedor de esta cadena en visita de trabajo; me acerqué, ¿Cómo un Alcazareño ilustre le va a rechazar a un paisano un Jerez, para disculparse por una travesura de antaño ???, le expliqué...

Corría el último tercio de los cincuenta y tanto mi abuela como las vecinas salían a la acera con su lechera y una a una, Lucia Alcañiz, Aurelia Maderuelo, matriarca de los Mata, Felipa Ropero iban llenando sus lecheras con las monedas ya preparadas, no siempre, pero ese día paraste tu tartana frente a nuestra puerta y un chiquete trasto como pocos, radio a radio de la rueda de madera se encaramó en el pescante de tu tartana y arreó a la mula ! gracias creo, que a Mariano Lila, Abdieso Alberca o Ermelindo Ocón, uno de ellos, no recuerdo, pudo parar la mula, no sé cómo bajé o me bajaron, pero sí que la zapatilla de mi madre se explayó con mi tafanario..... y el perjudicado, Hersilio García Baquero, no sólo me perdonó, que ya lo hizo aquel día, lo recordaba vagamente; estuvimos un buen tiempo hablando, incluso me propuso irme a trabajar a su empresa; trastadas de subir por las tardes a tocar las campanas trinitarias con Pipi corriendo detrás.

Abril del sesenta y cuatro, Torneo de Ascenso a la Liga de Baloncesto en la Trinidad, con Buscató y nuestro Vicente como figuras ya, nosotros teníamos a un quinteto de leyenda, Barri, Leal, Micó, el Peli y Vicente, mejores que los Arellano y Nando de la Cervantes, con el pater Juan María y José Luis Vaquero dirigiendo, fue todo un acontecimiento y así se lo quise explicar a mis amigos aquella tarde bajando por la Castelar, mira...¡ sacó Barri, le pasó el balón a Leal a su izquierda, este, rápido lo lanzó a la banda derecha por la que ya volaba Micó y este con un " gancho " con su derecha... canastón ! y justo en ese momento Vaquero, el que regentaba la tienda de reparación de radios y los primeros televisores, en la Castelar salía a la puerta con tan mala fortuna que al reeditar el gancho, enganché sus gafas de culo de vaso que volaron a la acera de enfrente al escaparate de Mata, no recuerdo si me quedé pasmado sin poder moverme o si salí disparado hacia abajo corriendo como alma que lleva el diablo, que con mis trece años, corría más que un galgo!. Eran las trapacerías de aquellos años, trastadas tras trastadas inocentes que quedaron indelebles en nosotros y marcaron a fuego nuestra querencia a nuestro Pueblo.....

Cosas que pasan, críos de antaño, podría seguir recordando tantas vivencias..." Alcazareños ausentes " que nunca nos fuimos.....Gracias a todos por un REGALO INOLVIDABLE

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