ALGO PERSONAL: La Feria

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En estos días de fiesta y alegría, os quiero desear unas felices fiestas y una feria llena de ilusión y prosperidad.

I

De noche siempre,

de noche,

con pólvora,

al empezar y al acabar,

para ahuyentar a los enemigos

y aquellos que nos quieren mal.

Cabalgatas y norias,

caballitos de mar,

coches que chocan,

la Ola y a vendimiar.

El Látigo, ¡qué emoción

de pellizco en el estómago!

la Tómbola y a gastar.

Y el pollo asado,

gaseosa, vino tinto,

churros y chocolate...

Y volver a montar

en los recuerdos

de la felicidad.

La feria ¡nunca tendría que acabar!

Que siempre fuera fiesta,

y fiesta de guardar.

Y así, andar despreocupados

y felices, sin quejarse jamás.

Que la vida es un suspiro,

un día y poco más,

y mejor que sea de feria

y no de madrugar.

 

II

Ya te abrieron y te pregonaron,

ya te han inaugurado:

con gigantes y cabezudos

animando a grandes y chicos,

tapados y emocionados.

Con cabezudos empezando

y con gigantes terminando

mi juventud ferial empezaba

con alegría y trabajando.

En el año setenta y seis:

cien pesetas por cabezudo,

trescientas por gigante.

No daba para mucho,

pero era una buena ayuda

para pasar la Feria si gastar

los pocos ahorros de la hucha.

La banda de música animaba

el pasacalles. Los pequeños y grandes

disfrutaban de la cabalgata

que, todavía hoy, desfila imaginando

una feria llena de ilusión y fantasía.

 

III

Y corren los chiquillos

delante de la banda y las autoridades.

Quieren feria, ¡que el tiempo pare!,

porque cuando la feria termine,

vendrá el colegio y las tareas escolares,

y ya, no se podrán jugar por la tarde.

Todo el verano esperándote,

y ahora que llegas,

no sé dónde montarme:

el látigo, la ola, las sillas locas,

la noria, el tren de la bruja....

Y al otro lado, para los mayores, los bailes.

Casi una semana de fiesta,

disfrutando y sin enfadarse,

todo el día de juerga

hasta que las luces se apaguen

y les releve el sol que amanece:

feria de chicos y grandes.

 

IV

Pasan los días, pasan las noches,

pasan las juergas y las amistades.

Los puestos de barro,

de cacharros y lozas,

de platos y tazas,

de cuchillos, navajas,

se llenan de gentes

que compran y pagan.

Y las atracciones, que no descansan.

La feria parece la vida cotidiana:

la tómbola grita sus premios,

los pollos dan vueltas y vueltas,

giran como locos hasta la mañana,

el chocolate calienta los churros que arden,

la feria bulle, como si nunca acabara,

la gente disfruta en la calle.

Desde mi casa, oigo como me llaman

las voces, los gritos, de la feria y la plaza.

¡Nadie resiste, todos te aman!

¡Qué grande es la feria de Alcázar!

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