ALGO PERSONAL: Navidad

EPIFANIO 1

Quizá en estas fechas se produzca uno de los grandes milagros de nuestro tiempo, y no me refiero al nacimiento del Niño Dios, sino al descubrimiento de todos los seres de buena voluntad de su capacidad para ser buenas personas.

Esta conciencia de saberse buena persona rebrota en los momentos más difíciles que un ser humano puede vivir. Lo hemos visto en la reciente desgracia sufrida en nuestro país por la DANA. Pero, en estas fechas y de manera recurrente, todos los años, tomamos conciencia de lo gratificante que es reconocerse como buena persona, aunque solo sea una vez al año.

La literatura y el cine están llenos de ejemplos de personas crueles que por obra y gracia del espíritu navideño retornan a su ser bondadoso y refulge en ellos la belleza de la bondad.

En Navidad recuerdo que me encantaba volver a Alcázar, volver a los sabores del mazapán, los polvorones, los mantecaos y la mistela que tanto me gusta recordar. Volver a Alcázar era volver a vivir el carnaval con sus bailes en el casino; volver a ver la Castelar iluminada y llena de gente escuchando los villancicos por la megafonía; era volver a las comidas familiares, las reposadas sobremesas, las tardes de tute y parchís. Y vuelvo con mi mujer y mis hijas para que disfruten de lo poco o mucho que queda de aquellas navidades tan entrañables y bullangeras que yo viví de joven.

Pero hoy quiero hablar de algo más personal: de la imagen del guardia municipal rodeado con los regalos y aguinaldos que tanta gente le iba dejando a los pies mientras dirigía el tráfico en la plaza, en el cristo o en la gasolinera. Y lo quiero recordar porque hoy, 19 de diciembre, hace 31 años que murió mi padre, Epifanio Quirós Pradillo, uno de esos guardias que se veían rodeados de variopintos aguinaldos que los conductores y viandantes les iban dejando como obsequio y agradecimiento por su trabajo y por su labor. Era muy frecuente que el cartero, el basurero, el conserje del casino… recibieran en esas fechas un aguinaldo, regalos que reconocían su labor y el trabajo bien hecho. Recuerdo a mi padre venir cargado con aquellos obsequios, a modo de cesta de Navidad que repartían entre toda la plantilla de policías municipales.

Hoy le recordamos, como siempre, en la cena de Nochebuena, en la de Nochevieja, y recordamos aquellas navidades en las que estábamos todos y no faltaba ninguno.

En estas fechas se echa de menos a los que no están con nosotros físicamente. Quiero recordarlos para que los sintamos muy cercanos, sentados con nosotros y hablando y sonriendo como si los estuviéramos viendo. Al fin y al cabo, nadie muere del todo mientras haya alguien que lo recuerde.

Feliz Navidad.

EPIFANIO 2
Sevilla 1960

 

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