ALGO PERSONAL: Patrimonio

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Paseando por Alcázar, veo el antiguo convento de Santa Clara, que fue cuartel de la Guardia Civil y hotel-restaurante y me pregunto qué estarán haciendo ahora en él y si darán con la tecla para que funcione, no se cierre y termine donde terminan muchas cosas del patrimonio de Alcázar, en la ruina y la demolición. Les deseo toda la suerte y acierto del mundo a quienes estén al frente del proyecto.

Y hablando de proyectos, hace muchos años, pensé que este antiguo convento sería un sitio estupendo para ubicar la sede de una facultad de gastronomía dependiente de la universidad y con el apoyo del ayuntamiento, donde se realizaran estudios sobre gastronomía manchega, al modo del Basque Culinary Center, por poner un ejemplo. Realizar ciclos formativos y grados universitarios, masters, doctorados, cursos, seminarios y congresos sobre gastronomía en general y, especialmente, sobre gastronomía de La Mancha, histórica y actual, en toda su amplia gama y vertientes: comida, bebida, gestión, promoción…. Y que fuera, también, un hotel-escuela donde los alumnos aprendieran a gestionar, organizar, desarrollar, promocionar… el patrimonio turístico de Alcázar de San Juan y de La Mancha en general.

Aquí dejo regalado este embrión de idea para que se pueda desarrollar y llevar a buen puerto por el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, con el apoyo y patrocinio de la Universidad de Castilla La Mancha, el Ministerio de Educación y la Academia de Gastronomía de Castilla La Mancha.

Pero hoy os quiero hablar de algo más personal. Debía tener yo la friolera de 5 o 6 años cuando “investido” del poder de un sombreo vaquero, la estrella de sheriff, la cartuchera vaquera atada a la cintura, y armado con una libreta y un lapicero, me puse en el puente de la calle Arroyo Mina a dirigir el poco tráfico que había de coches y camiones, después de una buena lluvia.

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En aquel momento pasó una moto Sanglas, con un guardia civil subido en ella. ¡Alto! Le señalé yo con la autoridad de mi mano. Aquella moto se paró y le dije a su ocupante que lo iba a multar. Imagino que aquel hombre no daba crédito, era el capitán del destacamento de la Guardia Civil de Alcázar. Incrédulo me pregunto por qué, yo le dije que había hecho algo mal y le iba a multar. El me interrogó y me dijo si sabía quién era, me aclaró enseguida que era el capitán de la guardia civil. Aquel era un momento crítico, pero sin ningún temor y con toda firmeza le dije que yo era «el jefe de todos los jefes». A aquel hombre le debió hacer gracia mi ocurrencia, me subió en la moto y me llevo al cuartel, allí pasé la tarde jugando con sus hijas. Seguramente investigó y preguntó si alguien me conocía, y le debieron decir que era hijo de Epifanio, el policía municipal. Mandaron recado a mi casa y mi padre se presentó a recogerme y a disculparse por este hijo travieso que la liaba de vez en cuando.

La verdad es que siempre he tenido suerte en la vida, siempre me he tropezado con gente de gran valía y que me han querido por encima de todo.

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Epifanio Quirós Tejado, 19 de febrero de 2025

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