Algo personal: Safaris humanos

Imagino que a todos nos pasa lo mismo: nos estremecemos al escuchar noticias espeluznantes, que impresionan y que descolocan al ser más equilibrado. Así lo creo, así lo quiero pensar. No me es fácil imaginar a una persona abusando de un bebe, de un niño indefenso, de un anciano. No me cabe en la cabeza que alguien use su fuerza, su posición de poder, para poder hacer mal por mal, porque hacer el mal a sabiendas nunca tiene sentido. Pero esto lo dejo a los psicólogos y a los moralistas.

Yo nunca entendí aquella frase que me decían de pequeño: «quien bien te quiere, te hará llorar» Siempre me pareció confusa, cuando menos. «Si el maestro te pega es porque te quiere, para que aprendas» Siempre me he negado a que esto sea verdad.  Yo siempre pensé, y sigo pensando, que quien me quiere me hará reír, disfrutar y ser feliz. No me evitará el sufrimiento, el dolor, la frustración, el fracaso… pero estará a mi lado y me hará más viable y más vivible el paso por esos momentos duros y difíciles que tiene la vida y que son inevitables. En estos tiempos de sociedad líquida, como denominaba Zygmunt Bauman, debe haber algunos valores que sean estables y permanentes. No podemos estar sometidos a los vaivenes de las modas o a las efímeras y superficiales consignas de lideres y famosos de medio pelo. Debemos recuperar el gusto por establecer vínculos, personales y comunitarios, estables y profundos, que garanticen unas relaciones interpersonales duraderas y un arraigo y sentido de pertenencia que resista el constante cambio al que nos somete la sociedad en la que vivimos.

Así lo entiende también el Premio Princesa de Asturias de este año Byung-Chul Han, que sostiene que las relaciones se deshumanizan cuando las consideramos como un bien a consumir. De esta forma perpetuamos una sociedad superficial regida por la cultura del descarte, donde la competencia está por encima de la cooperación; donde la satisfacción inmediata, el consumo individual y la autoexigencia constante nos lleva a enfermar la psique y el alma.

A propósito de todo esto hoy quiero escribir de algo personal, algo que después de unos días, confieso que soy incapaz de digerir. No puedo comprenderlo en mi cabeza ni puedo entenderlo en mi corazón. La noticia era sobre la guerra de Bosnia que se produjo después de que desapareciera Yugoslavia, entre 1992 y 1995, anteayer, como quien dice. Mas concretamente en su capital, Sarajevo, donde se produjo uno de los hechos más lamentables que se han conocido recientemente: la existencia de seres humanos que pagaban precios desorbitados para poder disparar, como cazadores, a personas en esa ciudad. Llegaban, se apostaban en la llamada «Avenida de los francotiradores» y elegían a quien disparaban en función del precio que habían pagado: civiles adultos, mujeres, niños, embarazadas, soldados. No sé si alguien es capaz de imaginarse la situación. No sé si alguien es capaz de explicar cómo puede ser posible, que un ser humano disfrute y pague por cazar a otro ser humano, que corre por la calle para poder escapar de las balas que silban rozando su cabeza o su corazón.

No seamos ingenuos. Sabemos que el ser humano es capaz de hacer estas y otras fechorías peores, pero está en nuestra mano intentar cambiar esto si tomamos conciencia de la necesidad de la educación; del valor de las rutinas; del valor de las repeticiones, del aburrimiento como origen de la creatividad y de la importancia de los espacios singulares y distintos como pueden ser los días de fiesta; del valor de la vida contemplativa, del silencio, de la reflexión; de la importancia de la cultura, la música y las artes como expresiones vinculadas al ser y no al poseer. Y sobre todo de la necesidad de curar nuestra alma y nuestra psique para poder vivir en armonía y equilibrio con nosotros mismos y con los que nos rodean. ¡Ojalá sea posible y se haga realidad!

Cartel de "¡Cuidado, francotiradores!" en una de las calles de Sarajevo durante el asedio de la ciudad bosnia.

 

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