Algo personal: San Sebastián

En Alcázar nos gusta mucho celebrar fiestas y a mí me parece una costumbre estupenda y sanísima. Quizá, antiguamente, era la única forma que tenían los pobres de disfrutar del invierno.

Ya hemos celebrado al primero de los llamados «santos viejos» San Antón. Ahora celebraremos el segundo, San Sebastián. Estas dos celebraciones me gustan mucho. La primera por la procesión de los animales, las tortas en sartén y las hogueras. Y la de San Sebastián por la juerga en la plaza de El Arenal, los caballos y, otra vez, las tortas. En cada casa se amasaba y se hacían las tortas para este día de fiesta. También se apuraban los últimos «matecaos» acompañados con mistela y se comía el tradicional arroz con gallo.

San Sebastián se celebra en Alcázar el fin de semana siguiente a la celebración de San Antón y cercano a la fecha de su fiesta, el 20 de enero. Si San Antón se celebra en Santa María, San Sebastián se celebra en Santa Quiteria. Las dos parroquias legendarias y más antiguas de Alcázar. Por cierto, desde aquí mi más entusiasta enhorabuena a la parroquia de Santa María por que celebra los primeros 800 años de su historia.

Este santo tiene su ermita dentro de la ciudad y no muy lejana a la parroquia. Supongo que hace siglos quedaría fuera de los muros que guardaban el perímetro ciudadano, pero hoy queda dentro y al lado de un colegio. Creo haber leído u oído que por allí hubo un cementerio.

Hace unos años estuve, de nuevo, en la celebración de esta fiesta y pude comprobar que el espíritu sigue intacto, igual que cuando yo era más joven y nos juntábamos, en la plaza de El Arenal, con los amigos para saltar a la comba durante horas. Me hizo mucha ilusión ver lo poco ha cambiado y cómo se siguen conservando las tradiciones de siempre. Este «guardar» hace que la identidad no se pierda, se conserve y nos podamos reconocer en ella. 

Pero os voy a contar algo personal. Mi madre me cuenta que a mi abuelo Antonio, su padre, le gustaba mucho esta fiesta de San Sebastián. Sus padres vivieron enfrente de la ermita, casi al final de la calle del Santo, y se convirtió en el barrio donde creció mi abuelo. Nunca se perdía la hoguera a la que iba con su sobrina Juli, luciendo su capa. Mi madre me cuenta que recuerda ir a casa de sus abuelos, en frente de la ermita de San Sebastián, y ver allí sentada, al caer de una ventana, a su abuela Fermina.

San Sebastián se celebra con mucha algarabía y mucho ruido, como San Antón. Empieza el día de vísperas (el sábado) con la hoguera al caer de la tarde. El domingo se celebra la función solemne (misa larga) donde van las autoridades y representantes de todas las hermandades y cofradías de Alcázar vestidos de domingo y muy bien arregladitos. Después comienza la procesión.

La plasticidad de las procesiones me gusta porque hay toda una liturgia que se desarrolla en la calle, a la vista de todo del mundo, y todo esto se hace con alegría y con música. La música que interpreta la banda de Alcázar es una de las mejores que se pueden escuchar por las calles de una ciudad. A la procesión se le acompaña con cohetes, lanzados durante todo el trayecto de la procesión, durante todo el día de fiesta. Cuando el santo llega a El Arenal, la procesión se abre y se ensancha. Allí le esperan multitud de gente que ya está provista con las sogas para jugar a la comba hasta la hora de comer. Da igual que tengas cuerda para saltar o grupo de amigos con los que saltar, siempre te puedes unir a cualquier cuadrilla y saltar alegremente a la comba, somos así de hospitalarios en Alcázar de San Juan. El santo va acompañado de un nutrido séquito de caballistas que engalanan y embellecen la procesión. Después sube por la calle de su nombre hasta la ermita donde permanecerá todo el día. Por la tarde, de nuevo, saldrá en procesión para bajar hasta la parroquia y recogerse hasta el año que viene. ¡Feliz San Sebastián!

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