Antonio Tomás Romero

El amor por Alcázar a través de su pintura

Por Antonio Leal Jiménez

Es difícil esbozar un retrato sencillo de este versátil artista fascinado por el color y por su pueblo natal. Desde su infancia transcurrida en una casa situada en la calle Ancha, su acercamiento al mundo del dibujo y la pintura lo lleva muy adentro. Siempre ha sentido la necesidad de reflejar su entorno, ya real, ya soñado, en el papel o en el lienzo. Desde entonces, ha querido dibujar nuestro pueblo. Lo siente tanto que, cuando piensa en ello, se le acelera el pulso y trata de investigar todo lo posible sobre su historia.

Ahora, con la misma inquietud y curiosidad de otrora, por casualidad se reencuentra con las cartulinas impolutas, con los tubos de gouach, acuarelas y óleos, y …..vuelve a soñar a lomos de los caprichosos pinceles, cielos pardos, barbechos, oteros callejuelas, rincones, Santa Quiteria, San Francisco, aquella plazuela del Ayuntamiento de Estrella…... Antonio, sueña, pobre loco, con poder llegar a plasmar aquellos fuegos artificiales de colores, algún día. Su objetivo es noble. Busca la elaboración del bosquejo, sufre con la mezcla de colores, las sombras, las técnicas de pincelado y la composición, a base de buscar y encontrar una forma de hacer que sus obras se conviertan en parte de su rutina, al darle una gran prioridad en su quehacer diario y lo hace de una forma terca y sufrida. Alcázar de San Juan, sus gentes, su patrimonio, sus tierras, sus calles y plazas, paisajes de soles y luces, son parte de su inspiración y de su sentimiento.

Busca en el desván de tiempos pretéritos y en los logros de quienes se mueven en este mundo de las artes, soluciones a sus muchas dudas y limitaciones. No deja de estudiar y aprender fundamentos, su estudio está lleno de libros, artículos, videos instructivos, sobre las diferentes técnicas de aprendizaje, investiga y aprende los fundamentos. Es un claro ejemplo de lucha de un Quijote contra los molinos. Su obra hace un recorrido lleno de color, inspirado en el pintor neerlandés Vincent Willem van Gogh.

Persona muy humilde, se siente un soñador, que ha desarrollado su propio estilo y que ama y pinta a su pueblo con sentimiento y colorido, capaz de cautivar a cualquiera. Dotado de una extraordinaria memoria, y su agilidad para manejar los pinceles, sueña cerrando los ojos volviendo a pisar su calle Ancha, consiguiendo eternizar esta y tantos otros lugares en los que se siente feliz.

No dejamos de preguntarnos si existe algún rincón en Alcázar, donde su obra pudiera ser expuesta para que, todos nuestros paisanos puedan disfrutar del valor de su arte. En el caso de que alguien quiera tomar el testigo, que bien podría ubicarse en la “Fonda de la Estación”, o en el Museo Municipal, estaría contribuyendo, sin ninguna duda, a que los alcazareños, nos sintamos un poco más orgullosos, de poder contar con otro, de los muchos artistas que tenemos, y cuya obra es desconocida. Espero que tengamos la oportunidad de poder asistir a su inauguración.

Antonio, un artista alcazareño que se lo merece.

Algunos ejemplos exponemos a continuación donde nos muestra, su extraordinario manejo de los colores, y de su calidad formal, a pesar de tener una disfunción visual consistente en la alteración de la percepción del color, denominada deuteranopía. La leyenda de cada uno de los cuadros, manifiestan sus reflexiones y sensaciones que experimentó al momento de crearlas y que están relacionadas con la pasión hacia su Alcázar de San Juan.

En el fascículo I de Rufao vi la foto del Consistorio a principios del XX, con mis viejos tubos de témperas y pinceles lo esbocé sobre una cartulina; el pandeo de los elementos lo observé cuando de crio, en las tardes de estío regresaba y los campos abrasados por el sol de todo el día, desprendían el fuego acumulado dando el efecto óptico del pandeo. Hoy cuelga en la pared principal del hogar de un ilustre Alcazareño en Vigo.

Cuando el rápido de Madrid iba llegando a Alcázar, iba asomado a la ventanilla y allí estaba siempre, en el Quinto Piloto, este vigía hiciese frío o el sol lo abrasase.... como un Ángel de la guarda, verle a la entrada de la Estación es como si no quisiera irse empujado por las nuevas tecnologías, tempera y pincel.

Campo de Criptana se dibujaba en lontananza, el sol se iba retirando y ..... hasta el último día lo tuvo mi madre frente al sillón donde pasaba sus tardes soñando sus días lejos de Alcázar entre cabezailla y cabezailla....90 X 60. con cariño lo conservo. Corría el año setenta y tres, por entonces hice mis primeros pinitos con el óleo y lienzos, encontré una vieja foto en B&W de una tarde en que nos fuimos en bicicleta por el carreterín de Miguel Esteban y con mi flamante Kodak Retinette de la PBL, lo capté,

En las largas tardes veraniegas de domingo, la distribución del presupuesto era calcado, Vitacal en la Fortuna, el Jabato en la Benita, cartucho de menudo en Arias y si daba, un helaete aquí o enfrente en los Valencianos... témperas, pincel y cartulinas.....

La Trinidad, los frailes, está era la vista que tenía desde la portailla de nuestra casa de la calle Ancha que daba a las Callejuelas, por ahí salía yo cada mañana camino de la Balmes con mi cartapacio; tempera sobre cartulina.

Siega y trilla... El Cierzo sopla del cerro, para las viñas, Solano, trigo, uvas y aceite para las arcas del amo. Con el cerrete San Antón de centinela, las faenas del campo, ocres, pardos y amarillos bajo nuestro azul incomparable siempre tentaron mis óleos .......

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