Es veinticuatro de enero,
repetido, y ya son cuatro
densos faroles de niebla
que van borrando tu paso;
cuatro ocasiones de olvido;
cuatro esquinas que ha doblado
despaciosa tu figura
en las calles del pasado;
cuatro portazos sonoros,
cuatro candados cerrados,
cuatro ríos que te arrastran
con la fuerza de los años
cuatro ferias sin poeta
que la pisaba con garbo.
Cuatro faroles de cera
Con la sombra de tu lado;
cuatro molinos de viento
lo buscan desconcertados.
¿Quién protege su memoria?
¿Qué fue de Santiago Ramos?
Tres mujeres, tres edades
Tres corazones tocados
Tres memorias lo mantienen
brillante en un relicario.