Reflexiones desde el corazón de Europa

Grisolia y el compromiso científico

Por Javier Mata

Bonjour à toutes et tous!

Metidos de lleno en este calurosísimo verano, que apenas nos da tregua, y no solo en España, y a punto de regresar de vacaciones a nuestro querido país, dirección costa mediterránea, me llega la triste noticia de la muerte de Santiago Grisolía y no me puedo resistir a escribir.

Para los que no les “suene de nada” el nombre, que espero sean los menos, el profesor Grisolia, de mismo nombre que el mayor científico español de todos los tiempos (Ramon y Cajal), ha sido hasta su fallecimiento a los 99 años, uno de los mas grandes científicos que nuestra “piel de toro” ha dado.

Nacido en Valencia, estudió Medicina licenciándose en 1944. Obtuvo una de las escasísimas becas que el Ministerio de Educación y Ciencia promovía para estudiar en el extranjero y en 1947 se marchó a EEUU para una estancia de un año que se convirtieron en 30. Allí fue el primer alumno de doctorado de otra figura enorme de la ciencia, Severo Ochoa, premio Nobel en 1959 que se había exiliado y adoptado después la nacionalidad estadounidense. Con él mantuvo, ademas de ser su discípulo, una amistad estrecha siendo depositario de su testamento personal y científico, y custodia de su archivo científico y biblioteca privada. Y después investigador y profesor en distintas universidades.

Grisolia se convirtió en una eminencia en la investigación bioquímica, destacando en el estudio de enzimas, isótopos marcadores metabólicos y ciclo de la urea, entre muchas. Todos ellos temas de importancia científica capital. Nunca obtuvo el Nobel pero su reconocimiento mundial era total y recibió otros muchos premios.

En 1977 decide volver a España, a su Valencia natal donde se instala para hacerse cargo de la Dirección del Instituto de Investigaciones Citológicas, impulsando áreas sobre patología hepática, envejecimiento, los efectos del alcohol en el ser humano, o mecanismos de recambio y transporte de proteínas. Participa en la organización en 1988 en Valencia de la primera Conferencia Internacional para el Proyecto sobre el Genoma Humano siendo designado presidente del Comité de Coordinación Científica de la Unesco para el el mismo, y contribuyendo especialmente a la divulgación científica del genoma humano y el descubrimiento del mapa genético, considerado uno de los más importantes avances de la Humanidad.

Persona comprometida, Grisolía siempre decía que los científicos estaban obligados a comprometerse y responder a los temas relacionados tanto con su actividad como con la actualidad y fue asesor de la Generalitat para ciencia y tecnología o presidente ejecutivo de los Premios Rey Jaime I.

Su enorme experiencia investigadora y su reconocimiento mundial le llevaron  a comprometerse en situar la ciencia y tecnología española a niveles internacionales y por supuesto a criticar y combatir el mal endémico en nuestro país desde hace siglos:  la falta de apoyo institucional y político al desarrollo de la investigación científica.

Con su marcha, deja un hueco difícil de rellenar en la ciencia española y pasa al “Olimpo” de los científicos españoles que consiguieron llegar a lo mas alto en investigación científica a pesar de la falta de apoyo secular de nuestro país, y como la mayoría marchando lejos de nuestras fronteras. Su nombre queda indisolublemente unido al de los otros grandes de la investigación científica española,: Santiago Ramon y Cajal, Severo Ochoa, etc.

Por desgracia para nuestro país, y a pesar de sus criticas y esfuerzos, no ha podido conseguir que la investigación científica en Espana tenga el apoyo institucional y político que necesita. Y me temo que poco va a cambiar en los próximos años.

¡Descanse en paz!

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