
¡Hola a todas y todos! Es bueno reinventarse cada cierto tiempo y por segunda vez desde que empecé a escribir para este medio, me toca hacerlo. La columna cambia de nombre y el contenido de “sentido”. Soy al fin y al cabo un “alcazareño ausente” que hasta la fecha ha estado mas tiempo fuera (Madrid, Sevilla, Oviedo, Francia…) que en nuestro pueblo.
Y este cambio quiero “inaugurarlo” con un “alcazareño presente”. Uno de esos muchos, que por muchas razones, merecen ser puestos en valor.
Hay muchos paisanos que han ocupado u ocupan cargos a nivel local, regional, nacional y por qué no internacional; otros que son referentes incluso mundiales en su profesión, grandes eruditos o reconocidos allende las fronteras. No pocos que gestionan con buen saber hacer empresas punteras. Y ciertamente bastantes, que hacen su trabajo sin hacer ruido, pero de manera eficaz, además dedicando parte de su tiempo a poner en valor de una u otra manera su pueblo.
Estos últimos no tienen por qué ser titulados superiores (parece a veces que si no tienes una carrera eres un don nadie), y tampoco porqué ocupar cargos de mucha relevancia. Pero lo importante es que intentan aportar para hacer más grande o más conocido su pueblo. Y eso querido lector es para quitarse el sombrero.
Conocí a uno de estos alcazareños con mayúsculas hace tantos años que me da vértigo pensarlo. Jugamos juntos en nuestro barrio (Santa Quiteria y Arenal), corrimos por la Corredera, fuimos juntos al único instituto que había (andando, por supuesto), buscamos escalopendras y lagartijas, y reímos... El marchó a “maestría” -que es como se “llamaba” el Juan Bosco- y yo acabé en la universidad, pero seguimos con nuestra amistad (mini grupo con su primo y otros). Incluso a pesar de tener “colores” futboleros opuestos.
Desde que lo conozco fue y es discreto como le enseñó su madre, amigo de sus amigos y apasionado de su familia y de todo lo que hace, sea lo que sea. Siempre lleva Alcázar en la boca, aunque nunca haya dejado de residir en el pueblo, como si fuera uno de esos muchos que estamos fuera y necesitara proclamar a los cuatro vientos las bondades de Alcázar y, por qué no, las cosas en las que debería mejorar (que también es una manera de querer tu tierra).
Hace poco escribía sobre un alcazareño de “adopción”, porque uno no es de dónde nace sino de donde se “hace” y “Chindasvinto” lo es, además de estar empeñado en desentrañar la historia de Alcazar. Ahora lo hago de otro, esta vez de nacimiento, e igual que aquél, esta empeñado en escarbar en la historia reciente menos conocida y a veces incluso “árida”.
Mi amigo acaba de escribir una Tesela más, sobre una etapa “poco agraciada” de la historia moderna de nuestro país, y de nuestro pueblo. Y lo ha vuelto hacer con esa “maestría” que lleva en los genes, y con ese toque personal que rezuma su manera de ser y su amor por su, por nuestro, pueblo.
Afortunadamente para Alcazar no es el único, pero van a permitirme la licencia porque para mí es uno de esos muchos amigos de mi pueblo a los que admiro y respeto ademas.
Sé que no va a parar en sus largas sesiones rebuscando en los archivos municipales para seguir sacando a la luz la historia que siempre, por muy oscura o desgraciada que sea, es bueno conocer.
No tiene ni idea que este artículo se está escribiendo y mucho menos publicando, y me va a decir de todo cuando lo lea, pero se lo merece, él y tantos como él que de forma casi callada, siguen engrandeciendo a su, nuestro pueblo, porque no olvidemos que un pueblo es lo que son sus gentes, y aquí hay mucha grandeza de espíritu.
Algunos de mis lectores habrán adivinado ya de quién escribo y los que no, lo hago: del alcazareño Miguel Angel Martinez Cortés, que acaba de publicar su ultima Tesela “Diario de diez alcaldes para la década más convulsa”.
El se merece todo el reconocimiento, tanto como su, nuestro pueblo, se merece tener entre sus gentes a personas con su categoría humana.
Y yo me siento orgulloso de ser paisano y amigo suyo.
Ustedes lo disfruten, paisanos