Seguramente muchos de mis lectores conozcan la historia que el periodista de la cadena COPE, Ángel Expósito, ha narrado en su espacio «La Linterna» hace unos días.Contaba el periodista y director del programa sobre una historia que le había llegado y hacía referencia a la catástrofe sufrida en Valencia por la Dana.
Y es que, mientras nuestra impresentable clase política se tira los trastos, literalmente, para hacer cargar con las culpas de la ineficiente y nefasta gestión de lo ocurrido al contrario, aferrándose a su sillón, porque en realidad es lo único que sabe hacer para sobrevivir, habida cuenta de su mediocridad e ineptitud galopante. Mientras cada vez más gente «de la calle» reniega de su falta de vergüenza y capacidad, mientras más asco producen, hay historias que, como dice Expósito, nos reconcilian con la humanidad.
La historia es esta: Un alcalde de una aldea de Mali, ha recolectado entre sus ciudadanos una ayuda para los afectados de Valencia. Una aldea a más de tres mil kilómetros de la costa valenciana. La razón esgrimida por el alcalde es que cuando se produjeron sus inundaciones, España les ayudó y ahora les toca a ellos ayudar a los españoles. Así es, hace unos meses, el pasado verano, hubo inundaciones por la zona de Tumbuctú, en el medio centro de Mali, y se saldaron con un total de 75 fallecidos. Allí estuvieron los soldados españoles echando una mano. Pues bien, este alcalde de aldea del Centro de Mali ha hecho una colecta entre la gente de su pueblo y ha mandado el sobre con la recaudación a la embajada de España en Bamako.
“En el sobre, 50 euros, que es lo que ha conseguido recolectar con destino a Valencia”. ¡50 euros! Pero habida cuenta de la diferencia de capacidad económica entre nuestro país y el suyo, esa cantidad bien podrían equivaler a ¡50 millones de euros!.
Poco importa la cifra, pero desde luego, el esfuerzo hecho por esa gente es ímprobo.
En los últimos días son muchos los gestos de solidaridad, no ya económicos sino altruistas como el de una futbolista del Sporting de Benimaclet, que gracias a una cadena de Whatsapp, ha conseguido movilizar a 1.000 personas para salvar la vida de 500 animales domésticos arrastrados por el lodo y el agua.
Sin duda todos estos gestos nos hacen reconciliar con la humanidad como decía Expósito. Especialmente ahora que las noticias abundan sobre la deshumanización de las distintas guerras en curso, o lo planes de algunos dirigentes mundiales sobre inmigrantes en busca de un futuro mejor, o las políticas encaminadas a servir únicamente a los intereses económicos de unos pocos, inmensamente, indecorosamente ricos.
Y de nuevo en nuestro país, ante la desfachatez de unos políticos ineptos, impresentables e inútiles, que solo piensan en su interés personal y su silla, en vez de en el pueblo que los votó. Pero claro, cuando todos los méritos para acceder a las listas para estar en cargos públicos se basan en ser unos excelentes medradores en vez de unos buenos gestores, poco se puede esperar.
Esta vez, como muchas otras, unos seres humanos anónimos, que serían despreciados si se atrevieran a venir en patera, han dado gran parte de lo poquísimo que tienen para ayudar. Y otros muchos, también anónimos, donan de manera altruista parte de su tiempo para ayudar a quienes lo han pasado mal, incluidos otros seres vivos no humanos.
¡Una lección de vida sobre todo para los soberbios, que por supuesto nunca apreciaran! Una lección que nos hace resaltar esa faceta altruista, frente a su otra faceta cruel e interesada, que la evolución ha dotado a este ser vivo poseedor de la mayor inteligencia y a su vez del mayor nivel de estupidez de la naturaleza y que se llama a sí mismo «ser humano».
Javier Mata