Reflexiones desde mi mochila

Llevaba tiempo sin escribir. Bastante. La verdad es que a veces, y esto me está pasando últimamente más a menudo, me quedo sin tema. Será la edad. Será, sin duda. Y los temas que inundan los telediarios no me interesan, no. Ni la crispación, ni la pocilga, ese barrizal de mierda en la que están convirtiendo muchos de nuestros políticos, de todos los colores, o mejor en la que pretenden convertir esta sociedad. No-me-in-te-re-sa.

El otro día, en la Feria de Sevilla, departía, con una copita de fino, con un chaval de unos treinta años. Se quejaba amargamente y con razón, de las dificultades para encontrar vivienda, entre otras cosas. Y entonces le pregunté, me vino de pronto a la cabeza no sé porqué, quizás el fino, si sabía o conocía mayo del 68. No tenía ni idea. No tengo la solución a los problemas que sufrís los jóvenes, le dije, como no la teníamos los que padecimos en mi generación. Escapo de las frases manidas de que «antes se vivía mejor", «o peor», o «la juventud de ahora es»… Frases repetidas desde hace miles de años entre generaciones diferentes. Pero quizás se necesite una especie de revolución.

No tiene por qué ser violenta. La historia nos demuestra que de vez en cuando es necesaria una revolución que impulse el cambio, algún cambio. El mundo en particular y los que ya peinamos canas tendemos a ser inmovilistas por naturaleza. Y creo que si no dejamos paso a los jóvenes, en todos los sitios, ellos terminarán apartándonos.

Hace casi 60 años, en París, los jóvenes, estudiantes y obreros, se rebelaron contra la sociedad que se enranciaba gracias a los inmovilistas y salvapatrias que la dominaban. Algo cambió.

Hace 80 años, se firmaba la rendición del nazismo, de la intolerancia, de la crueldad, que no nos engañemos, siempre se esconden tras salvapatrias que se aprovechan del descontento y la mentira que pregonan. Hoy también en auge en nuestro país y algunos otros países. No necesito dar nombres. Hace 80 años, cientos de miles de jóvenes dejaban sus vidas en campos y playas, para dar un futuro mas justo a los que se quedaban.

¿Sirvieron de algo, ambas?¡Sin duda!. Yo no sabía explicarle bien lo que habíamos avanzado, sé lo que habíamos dejado atrás después de cada uno de los acontecimientos. La intolerancia cruel,  hace 80 años, a pesar de que siguieran surgiendo dictaduras en otros  países como Unión soviética, o nuestro propio país. Y hace 68 la rancia y casposa sociedad en la que se iba transformando, o al menos algo de ella. Sin duda que el mundo cambió en 1945 y en 1968.

Yo le invitaba a que leyera la historia, sin manipulaciones que ahora algunos son tan dados a hacer. Leyera y viera que quizás es el momento en el que se deba empezar otra revolución, antes que la involución a la que algunos, muchos, están empeñados en llevarnos, nos ahogue. Ese empujón que necesita esta sociedad acomodada, cada vez mas inculta y desmemoriada. Nada nuevo en la historia reciente, por cierto.

Este barrizal asqueroso y cada vez mas lleno de mentiras que no deja de crecer, quizás sea el momento de barrerlo, en conjunto, en modo revolución, no siguiendo a ningún cantamañanas, mentiroso y salvapatria.

Se quedó pensativo. Si conseguí que reflexionara e indagara me siento satisfecho. Mi generación ya está para ponerse a un lado. Es el turno de los jóvenes. Como siempre ha sido a lo largo de la historia. Ojalá, como hace 80 años le dieron una patada a la intolerancia cruel, y hace 60 a la rancia y casposa sociedad, dentro de no mucho le den una patada a la sociedad de mentira, embarrada y vacía que no deja de crecer, bajo el interés de la mayoría de nuestros dirigentes, de todos los colores, y la indolencia de muchos.

¡Ojalá!

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