El método que se aplica cada vez más para prevenir los fraudes en España en los sitios de juego

A ver, voy a empezar por algo que me parece bastante loco. Un algoritmo puede darse cuenta de que algo huele mal en una plataforma de apuestas antes que cualquier persona. Sin descanso, sin pestañear, sin necesitar un café a las cuatro de la tarde. Solo números, comportamientos y una conclusión casi instantánea. Eso está pasando ahora mismo en los casinos con licencia en España, y no se habla lo suficiente de ello.

Cuando alguien entra a jugar online lo último en lo que piensa es en algoritmos. Piensa en si hoy es su día o no lo es. Lo que no ve es que hay algo mirando exactamente cómo juega, cuánto tarda, cuándo para, cuándo vuelve. No para espiarle. Para detectar lo que un humano nunca vería a tiempo.

El fraude ya no se ve venir

Pongamos un ejemplo. ¿Cuántas operaciones puede revisar una persona en una jornada? Bastantes, sí, pero nunca las suficientes. El fraude de hoy no avisa. No llega con señales raras ni con comportamientos llamativos. Llega con una identidad fabricada con datos de alguien que nunca ha puesto un pie en un casino. Y es que cuando encuentras un bono sin deposito fuera de España, más de uno echa el ojo. ¿Es seguro? Y es que durante semanas no tienen nada de raro y que un martes, de pronto, ya no tienen explicación. Sin escándalo. Sin ruido. Eso es exactamente lo que lo hace tan difícil de pillar.

¿Y qué hace entonces la IA? Básicamente, lo que ninguna persona puede hacer a esa escala: mirar todo al mismo tiempo. Dos cuentas sin relación aparente que comparten la misma dirección IP. Un usuario que llevaba meses siendo predecible y que cambia justo cuando más le conviene. Cada dato por separado no dice gran cosa. Pero el conjunto cuenta una historia, y hay sistemas que ya saben leerla.

La DGOJ no es un regulador de adorno

¿Sabías que en mayo de 2025 la Dirección General de Ordenación del Juego bloqueó y multó a catorce plataformas sin licencia por un total de 77,4 millones de euros? No fue un aviso. Fue la consecuencia de algo que venía construyéndose de lejos. Hay reguladores que están de relleno y hay reguladores que dan miedo. La DGOJ es de los segundos, y los operadores que llevan tiempo en el sector lo saben bien.

A principios de 2026 presentó dos herramientas tecnológicas propias: un sistema de IA para analizar el comportamiento de los jugadores y un mecanismo de límites de depósito más preciso y rastreable. Piénsalo desde el lado del operador. Si el organismo que te supervisa ya te analiza con algoritmos, seguir funcionando sin ellos no es una decisión técnica. Es confiar en que nadie va a mirar con demasiado detalle. Con la DGOJ, esa confianza está mal depositada.

El blanqueo de capitales tiene mucha paciencia

Quien quiere lavar dinero a través del juego online no entra dando voces. Entra con calma, construye un historial limpio durante semanas o meses, y actúa solo cuando ya tiene algo que lo respalde. Para entonces lleva mucho tiempo ahí. Ese es el problema real: no detectarlo en el momento en que actúa, sino que para ese momento ya es tarde.

España lo afronta con normativas coordinadas entre el Banco de España y la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales, y desde 2025 con el respaldo de las nuevas directivas antilavado de la Unión Europea. Pero ninguna normativa se aplica sola. Hace falta algo que cruce millones de datos sin cansarse, que vea que un patrón de gasto impecable se rompe exactamente en el momento más oportuno, que identifique un entramado que ninguna pieza suelta delataría. Eso no lo hace una persona. Lo hace algo que nunca se distrae.

Proteger al que no pide ayuda

Esto es algo que me parece especialmente relevante, y que casi nunca sale en los titulares. Una parte importante de lo que hace la IA en los casinos regulados no tiene que ver con el fraude. Tiene que ver con el jugador que no está haciendo nada ilegal pero cuyos hábitos están contando algo que él todavía no escucha. Que vuelve demasiado seguido. Que sube las apuestas después de cada pérdida. Que lleva horas sin cerrar la sesión. Cuando el sistema detecta esas señales puede activar alertas o restricciones automáticamente. Sin que nadie lo pida. A veces sin que el propio usuario lo sepa.

La DGOJ exige que esto forme parte real del funcionamiento de cualquier plataforma con licencia. No en los términos de uso. En la práctica. Y eso le obliga a la industria a asumir algo que le costaba mucho aceptar: que lo que le pasa al jugador no es solo su problema.

El dilema de compartir sin compartir

Hay un problema del que casi nadie habla y que a mí me parece fascinante. Cada operador mejora su detección de fraude aprendiendo de sus propios datos. Hasta ahí bien. Pero ese aprendizaje no sale de sus servidores, porque no puede salir. Son datos de usuarios. La privacidad manda. El resultado es un poco absurdo: el que consigue burlar un casino se lleva esa táctica consigo al siguiente, y al de después, porque nadie puede avisar a nadie sin compartir lo que no le corresponde compartir.

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