Pregunta. ¿Cómo recibió la noticia de que iba a ser uno de los galardonados en los Premios Corazón de La Mancha?
Respuesta. La verdad es que fue una enorme sorpresa. Después llegó una profunda emoción y, sobre todo, un inmenso sentimiento de gratitud. Que una comarca con tanta historia e identidad reconozca tu trabajo es uno de los mayores honores que se pueden recibir. Además, compartir este premio con personas e instituciones tan relevantes hace que el reconocimiento tenga todavía más valor.
Más que un premio personal, lo entiendo como un reconocimiento a la importancia de proteger nuestro patrimonio cultural y a todo lo que representa Cervantes para esta tierra. Es también un estímulo para seguir trabajando con la misma ilusión de siempre.
P. Usted ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar y divulgar el patrimonio manchego. ¿Qué significa que ese trabajo sea reconocido precisamente en su tierra?
R. Tiene un significado muy especial. Uno siempre intenta hacer las cosas lo mejor posible sin pensar en los reconocimientos, pero cuando ese agradecimiento llega desde tu propia tierra adquiere un valor diferente.
Dicen que el corazón de una persona siempre late donde están sus raíces. Yo he tenido la oportunidad de desarrollar distintos proyectos, pero nunca he dejado de sentirme profundamente unido a Alcázar de San Juan y a La Mancha. Este premio me recuerda precisamente de dónde vengo.
P. Habla de las raíces con mucha convicción. ¿Hasta qué punto La Mancha ha marcado su forma de entender el trabajo?
R. Muchísimo. Siempre he pensado que el paisaje también construye el carácter de quienes vivimos en él. Nuestra tierra parece austera, tranquila, incluso sencilla, pero encierra una enorme riqueza para quien sabe detenerse a observarla.
Esa forma de ser también se traslada al trabajo: constancia, paciencia y capacidad para mirar siempre un poco más allá del horizonte. Quizá por eso nunca he buscado el camino más corto, sino el que realmente merecía la pena recorrer.
P. Esa perseverancia parece haber sido una constante durante toda su trayectoria.
R. Sin duda. Hay una imagen que siempre me gusta utilizar: el sol de La Mancha es duro, pero precisamente ese rigor es el que termina dando carácter a las cosechas.
Creo que ocurre algo parecido con cualquier proyecto importante. Los resultados llegan después de mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo y también algunos momentos difíciles. Este premio simboliza precisamente que merece la pena mantener la ilusión incluso cuando el camino se hace cuesta arriba.
P. ¿Qué le ha motivado durante todos estos años para seguir investigando y divulgando el patrimonio cervantino y manchego?
R. La pasión por lo que hago. Cuando descubres que tu trabajo puede ayudar a conservar parte de nuestra historia y transmitirla a las nuevas generaciones, encuentras una motivación enorme.
También ha sido fundamental el apoyo de mi familia, de mis amigos y de todas las personas que comparten conmigo ese compromiso por proteger nuestro legado cultural. Ellos también forman parte de este reconocimiento.
P. Si tuviera que definir qué representa realmente el corazón de La Mancha, ¿qué respondería?
R. Diría que está en su gente. En las personas que, desde el anonimato muchas veces, trabajan cada día con honestidad para hacer mejor esta tierra.
La Mancha no solo es paisaje o patrimonio; es también esfuerzo, solidaridad, cultura, tradición y futuro. Ese es, para mí, el verdadero corazón de nuestra comarca.
P. Para terminar, ¿a quién quiere dedicar este reconocimiento?
R. En primer lugar, a mi familia, porque ha compartido conmigo todos los sacrificios y también las alegrías. Quiero agradecer igualmente el apoyo constante de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan y de El Semanal de La Mancha, así como el cariño de tantas personas y amigos que siempre han confiado en mi trabajo.
Y, por supuesto, este premio también pertenece a todos aquellos que dedican su tiempo a conservar nuestro patrimonio, muchas veces de forma silenciosa. Ellos son quienes mantienen viva la memoria de nuestra tierra.
Un reconocimiento como el Corazón de La Mancha no se guarda en una estantería. Se lleva en el corazón para recordar cada día que nuestro mayor compromiso es seguir cuidando el legado que recibimos y transmitirlo a quienes vendrán después.